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PCLA - Volume 3 - número 1:  outubro / novembro / dezembro 2001

 

COMUNICACIÓN PARA EL DESARROLLO URBANO

 

Ana María MIRALLES CASTELLANOS
(Universidad Pontificia Bolivariana, Colômbia)


Estudio de los aportes de la UNESCO al trabajo sobre Comunicación y Ciudad en América Latina desde su Oficina Regional de Comunicación. Julio de 2001. 

La ciudad humana como quehacer de la comunicación

Alejandro A
LFONZO 

(Director de la Oficina Regional de Comunicación de la UNESCO para América Latina)


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1. El debate latinoamericano sobre la comunicación

1.1.La década de los 90

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1. EL DEBATE LATINOAMERICANO SOBRE LA COMUNICACIÓN

30 años de reflexión con autonomía

La evolución del pensamiento y la investigación sobre comunicación en América Latina permite situar adecuadamente el contexto teórico en el cual, hacia la década de los años 90, se insertó la propuesta de la UNESCO sobre los estudios y proyectos en el campo de Comunicación y Ciudad.

La investigación norteamericana en el campo de la comunicación presidida especialmente por los estudios de Lazarsfeld a partir de dos ejes predominantes: los efectos de los medios y el análisis de contenido de los mensajes de los medios. En los años anteriores la llamada Escuela de Chicago se había constituido en la precursora de los estudios sobre la ciudad desde la perspectiva de la comunicación :

"El campo de observación privilegiado por la escuela de Chicago es la ciudad como ‘laboratorio social’ , con sus signos de desorganización , marginalidad, aculturación, asimilación; la ciudad como lugar de la movilidad. Entre 1915 y 1935, las contribuciones más importantes de sus investigaciones están dedicadas al a cuestión de la inmigración y a la integración de los inmigrantes en la sociedad norteamericana. Partiendo de estas comunidades étnicas, Park reflexiona sobre la fusión asimiladora de los periódicos (y, en especial, de las innumerables publicaciones extranjeras) sobre la naturaleza de la información, la profesionalidad del periodismo y la diferencia que lo distingue de la propaganda oficial" [1].

Estos estudios derivan en la ecología humana y finalmente en el intento de tomar el esquema teórico de la ecología vegetal y animal para el estudio de las comunicaciones humanas, modelo criticado por muchos debido al determinismo biológico y a su incapacidad para ser competente en lo que se refiere a la matriz socio-cultural de la ciudad.

Hacia 1927 aparecen los primeros documentos de la Mass Communication Research, a cargo de Harold Lasswell y sus investigaciones se centran en dos ejes: los efectos de los mensajes de los medios comunicación y el análisis de contenido para descubrir las razones de la poderosa y directa influencia que desde entonces se le atribuía a los medios de comunicación sobre sus audiencias. No en vano, estos estudios resultan muy ligados a la propaganda, no solamente por darse en el período de entre guerras sino por el enfoque orientado, desde la teoría de la "aguja hipodérmica" a descubrir la mejor manera de influenciar a los públicos.

Los primeros estudios de comunicación en América Latina son herederos de la investigación norteamericana. La década de los años 60, pero especialmente desde los 70 en que comienza la mirada crítica no solamente a un modelo de desarrollo socioeconómico -de la cual derivó un cuestionamiento a las estructuras y modelos de comunicación dominantes en Latinoamérica-, sino el debate internacional sobre los desequilibrios en el sistema informativo internacional y la tesis a favor de un Nuevo Orden Mundial de la Información y la Comunicación.

Daniel Prieto lo recuerda. Animados por la perspectiva crítica de la Escuela de Frankfurt, algunos teóricos latinoamericanos emprendieron su propia labor crítica y por ejemplo, en 1970 apareció la edición chilena del libro de Mattelart y Dorfman Para leer al Pato Donald. Desde ahí y hasta la década de los años 80 no cesaron de aparecer artículos, libros , investigaciones en donde aún se interpelaba la escuela norteamericana con los aportes latinoamericanos.

"En pocos años se conformó en nuestros países un cuerpo teórico metodológico, expresado en publicaciones de todo tipo, desde guías y folletos hasta cartillas y libros. De mi parte, contribuí a esta empresa con dos obras: El análisis de mensajes y Manual de análisis de mensajes. Fue un tiempo de reconocimiento de los materiales, de intento de abandonar la actitud ingenua para al menos saber hacia dónde iba la intención de los emisores"[2].

La crítica se había centrado en la importación de modelos funcionalistas foráneos que se calcan a una realidad, como la latinoamericana, muy distinta:

"En el texto con el sugestivo título de ‘Adiós a Aristóteles: Comunicación Horizontal’, Beltrán analiza las proposiciones de Harold Lasswell y de otros teóricos de la comunicación tales como Raymond Nixon, Wilbur Schramm, Claude E. Shannin, Norbert Wiener, Waren Weaver, Bruce E. Westley y Malcom S. MacLean, y critica la linealidad y la herencia aristotélica en la concepción de la comunicación. Remitiéndose a David K. Berlo muestra que desde el conocido esquema de Lasswell: quién dice qué, por medio de qué canal, a quién, con qué efecto, la comunicación fue concebida como un modelo vertical y unidireccional, donde el emisor tendría un poder casi omnipotente sobre el receptor"[3] .

La que posteriormente se llamó Escuela Latinoamericana de Comunicación, comenzó pues con un trabajo crítico frente a los pioneros de la investigación en comunicación y con ello se avizora lo que serían los aportes latinoamericanos a la investigación y, como se desprende de la cita inmediatamente anterior, al propio concepto de comunicación, en un sentido en que horizontalizándola es más comunicación que información, que era el modelo descrito por los gringos.

Autores como Beltrán, Mattelart, Schmucler, Verón, Martín Barbero, Pasquali, Prieto Castillo, Díaz Bordenave, Reyes Matta, Freire y otros, constituyeron la ELC a partir de sus aportes críticos y especialmente desde su comprensión de la comunicación desde otras perspectivas. En la actualidad hacen parte de la tradición teórica latinoamericana, junto con García Canclini y Monsiváis y un grupo de investigadores más jóvenes.

La década de los años 70 fue rica diríamos esencialmente por dos debates: el NOMIC y las Políticas Nacionales de Comunicación. Además se trabajó mucho el tema de los monopolios de los medios de comunicación y Althusser ventila en Europa sus tesis sobre los aparatos ideológicos del Estado, entre los cuales incluye a los medios de comunicación al lado de la escuela, la iglesia, la familia y el propio Estado.

El diagnóstico "Un solo mundo , voces múltiples" (también conocido como Informe Mc Bride) elaborado por los miembros de la Comisión Internacional para el Estudio de los Problemas de la Comunicación, nombrada en 1976 por el Director General de la UNESCO, no solamente incluía la preocupación por los desequilibrios en el sistema informativo internacional sino por la amenaza que suponía el predominio de la mirada de las cinco grandes agencias de noticias entonces, sobre las identidades culturales latinoamericanas.

Es en esa misma década que según Prieto Castillo ya comienza a plantearse lo que se denominó "vuelta al receptor", como el intento de observar la vida de la gente, la historia, el contexto y en términos generales la cultura en toda su complejidad, trascendiendo con ello los estudios de análisis de contenido que el propio Prieto había desarrollado y criticado posteriormente por olvidarse del contexto al concentrarse de cierta forma artificialmente en el texto como un todo, en su calidad de unidad de análisis.

"En 1975 escribimos con Norma Fóscolo un trabajo denominado Para abordar la cotidianidad latinoamericana. Habíamos comenzado entonces a estudiar una revista de circulación nacional, a fin de analizar en ella los estereotipos más generalizados en relación con la ubicación social y al consumo. Pronto nos dimos cuenta que la sola relación con la publicación no nos llevaría demasiado lejos. Reflexionamos entonces sobre el espacio de sentido de ese tipo de mensaje y reconocimos como camino posible el de abrirnos al tema de la vida cotidiana. La pregunta se desplazó desde el mensaje a la gente, a la manera de ser de los lectores"[4] .

La relación entre comunicación y vida cotidiana se convirtió en los 70 y los 80 en uno de los temas centrales de estudio de la comunicación en América Latina y también en uno de los sellos distintivos en relación con los estudios europeos y norteamericanos. Al mismo tiempo, este sería el primer paso hacia los estudios de recepción en su versión actual, en que lejos de la teoría de la aguja hipodérmica se analizan las actitudes de los receptores no para medir la influencia de los mensajes de los medios sobre ellos, sino para determinar qué hacen los preceptores con los mensajes, con lo cual se les atribuye de entrada una actitud más activa: no son agentes pasivos sino activos en la recepción de los mensajes de los medios. En la década de los 80 y 90 los estudios de recepción serán fuertes y contarán con investigadores como el chileno Valerio Fuenzalida y el mexicano Guillermo Orozco.

Otro de los aportes significativos de los 80 fue el de la llamada comunicación popular o comunicación alternativa. Este sería otro de los sellos característicos de los investigadores latinoamericanos, que ponen el acento en la dimensión comunicativa como un insumo para el desarrollo. Este trabajo estuvo precedido por las críticas al modelo de difusión de innovaciones tecnológicas, por entonces la visión de desarrollo predominante en virtud del extendido ánimo modernizante de las economías latinoamericanas. La idea era aplicar en el ámbito rural de la región, el modelo de desarrollo de los países ricos.

Tres son las críticas que Luis Ramiro Beltrán le formuló a esta versión de la comunicación para el desarrollo:

 Es desde ahí que se plantea la necesidad de construir conceptos propios, adaptados a la realidad latinoamericana.

Una de las más importantes contribuciones de la comunicación popular es haber desmediatizado la discusión de la comunicación:

"El libro de Jesús Martín (Barbero) de 1987, De los medios a las mediaciones: comunicación, cultura y hegemonía, es la primera gran contribución para el debate sobre la función de los medios de comunicación de masas en las sociedades latinoamericanas modernas. Básicamente, Martín Barbero se propone analizar las diversas manifestaciones de la cultura popular en América Latina hoy, esbozando una comprensión de las manifestaciones históricas de la cultura popular"[6].

También en la década de los 70, tuvo lugar la formulación de Políticas Nacionales de Comunicación, definidas así:

"Política Nacional de Comunicación es un conjunto integrado, explícito y duradero de políticas parciales de comunicación, armonizadas en un cuerpo coherente de principios y normas dirigidos a guiar la conducta de las instituciones especializadas en el manejo del proceso general de comunicación de un país"[7] .

Simultáneamente se trabaja sobre el vector de la comunicación popular participativa, paralela a la consolidación de los movimientos sociales que en la década de los 80 ganaron un puesto vital en la sociedad civil.

Los planteamientos de la comunicación horizontal o comunicación participativa[8] se contrapone a los modelos verticales y unidireccionales y en la reciprocidad reclamada a la comunicación, varios teóricos latinoamericanos lograron marcar la diferencia frente al modelo clásico de emisor-mensaje-receptor y por el contrario, dejar claro que la comunicación no solamente requiere de interlocutores sino de la comunicación en doble vía.

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1.1. La década de los 90

El tema de la ciudad no había sido ajeno a los estudios de comunicación hasta los años 90. A pesar del énfasis puesto por la comunicación para el desarrollo en el ámbito rural o en los pobres de las ciudades, Rossana Reguillo señala que :

"La pregunta por la ciudad y las formas de vida en ella implicada, no es ciertamente una novedad en el campo de comunicación, sin embargo, esta vieja preocupación al igual que ha pasado en la antropología, venía centrando su mirada en un conjunto de prácticas comunicativas que tenían como telón de fondo el escenario citadino, sin llegar nunca a problematizar el papel constitutivo de la ciudad en las formas de socialidad específica. En esta etapa abundan los estudios sobre culturas populares en su relación con prácticas de comunicación o los estudios sobre medios"[9] .

Las reflexiones sobre los medios de comunicación, pero especialmente el trabajo en el área de comunicación y vida cotidiana habían hecho de la ciudad un rico campo de observación, aunque no hubiese hecho del tema urbano un motivo de estudio en sí mismo. Una cosa es determinar la ciudad como el ámbito en donde se observarán algunos fenómenos de comunicación y otra será la invitación de la UNESCO a pensar la ciudad desde la comunicación con la intención de intervenir en el proyecto colectivo.

Si bien los estudios sobre vida cotidiana hacían de la dimensión cultural el centro, la idea de la ciudad aparece con un mayor énfasis en lo político, en la negociación de los intereses colectivos y en el participación ciudadana en los asuntos de interés público.

"Sin embargo, es hasta entrados los ochenta cuando los enfoques centrados en la denominada investigación- acción, vinculada al ámbito de la educación y promoción popular, abrió de un lado una serie de interrogantes sobre las relaciones entre la vida cotidiana de sectores específicos y marginales de la sociedad, con un proyecto político más amplio y de otro lado, incorporó a sus esquemas la vasta bibliografía sobre movimientos sociales, ampliando la gama de los actores tradicionales atendidos por este enfoque" [10].

Es ahí donde ya se puede analizar el tema urbano no como telón de fondo, sino como el escenario en donde la comunicación puede convertirse en eje articulante del debate de intereses contrapuestos pero que apuntan a la búsqueda del interés común.

Veamos en qué contexto histórico surge el debate explícito sobre Comunicación y Ciudad:

Es en este marco que la UNESCO se propone animar un debate latinoamericano sobre el tema de Comunicación y Ciudad. Muchos elementos de ese contexto son evidencias de que es un buen momento: los temas claves de la descentralización y al mismo tiempo el de la globalización, además de que el pensamiento latinoamericano de la comunicación había dado muestras suficientes de poder seguir construyendo con autonomía una visión de la comunicación para el desarrollo urbano.

Además, el auge de los estudios urbanos desde una perspectiva interdisciplinaria permitía pensar en la posibilidad de un trabajo conjunto entre múltiples sectores con el ánimo de fortalecer la ciudad como el lugar para la realización política, económica, social y cultural de la ciudadanía.

Sin que la reflexión en este campo de Comunicación y Ciudad haya tenido un grado de desarrollo epistemológico que nos permita pensarlo como conceptualmente autónomo tanto del acervo general de la comunicación como de los estudios urbanos, es preciso reconocer que la serie de actividades, seminarios y reflexiones adelantadas entre 1992 y el año 2000, indican que en el área de Comunicación y Ciudad la UNESCO ha jugado un papel central en colocar el debate, poner los primeros hitos de la discusión y animar a múltiples instituciones a trabajar en su consolidación.

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Notas

[1]Mattelart, Armand y Michele. Historia de las teorías de la comunicación. Piados Comunicación. Barcelona 1997. Página 24.

[2]Prieto Castillo, Daniel. La televisión en el fin del milenio. En : Revista Signo y Pensamiento. No 24. 1994. Pontificia Universidad Javeriana. Página 105.

[3]Kröhling Peruzzo, Cicilia M. Escuela Latinoamericana de Comunicación: contribuciones de Luis Ramiro Beltrán. En : Investigación sobre Comunicación en Latinoamérica. Editores Plural La Paz. 2000. Página 156.

[4]Prieto Castillo. Op. cit. Página 110.

[5]Kröhning. Op.cit. página 158.

[6]Tufte, Thomas. Los padres de la investigación crítica de los medios en América Latina. En: Investigación sobre comunicación en Latinoamérica. Páginas 269-270.

[7]Comunicación sin centro. Ministerio de Desarrollo Humano. La Paz. 1997. Página 243. Los autores citan a Luis Ramiro Beltrán, autor de esta definición.

[8]La noción de participación, tomada de Luis Ramiro Beltrán tenía que ver más con la participación en la producción y difusión de mensajes, en relación con ese modelo vertical, que con promover la participación ciudadana en los asuntos de interés público.

[9]Reguillo Cruz, Rossana. Ciudad y comunicación. Densidades, ejes y niveles. Diálogos de FELAFACS. No. 47 . 1997. Página 21.

[10]Reguillo. Op. cit. Página 23.