Cátedra Unesco de Comunicação para o Desenvolvimento Regional

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Carta à redação

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PCLA - Volume 2 - número 1:  outubro / novembro / dezembro 2000

 

 

Las industrias culturales latinoamericanas en

 tiempos de la globalización


Algunas tesis.

 

Enrique E. Sánchez Ruiz
(Universidad de Guadalajara / México)


Texto leído en el Panel “Las Industrias Culturales en las Américas”, en el 50 Congreso de la International Communication Association (ICA), Acapulco, Gro., 2-5 de Junio 2000.


1. No se puede entender a las industias culturales sin ubicarlas el contexto nacional e internacional en el que operan. El contexto contemporáneo es el de un mundo altamente interconectado, unipolar en ciertos aspectos (p. ej., el del poderío militar de Estados Unidos) y multipolar en otros (en términos de predominio económico). Es la globalización, etapa “triunfante” del capitalismo, después del derrumbe del llamado “socialismo real”. Un indicador posible de la mayor interconexión e interdependencia actual entre las naciones, lo constituyen los flujos de comercio exterior. En los últimos 50 años, la tendencia mundial general ha sido hacia la apertura de mercados. Entre 1950 y 1990, las exportaciones crecieron del 8% del Producto Mundial Bruto al 27%. En 1997, el comercio internacional era 14 veces el nivel que tenía en 1950. Esta tendencia se ha acelerado en los últimos años con el surgimiento de acuerdos comerciales bilaterales y multilaterales, y bloques comerciales, como la Unión Europea, el TLCAN (NAFTA), Mercosur, ASEAN, etc. Los mercados de productos culturales también se han expandido: Entre 1980 y 1998, el comercio de bienes y servicios culturales se ha multiplicado por cinco (UNESCO 2000a).

   Pero los flujos de comercio internacional son desiguales. Por ejemplo, en 1994 los países desarrollados concentraban 69% de las exportaciones mundiales y 68% de las importaciones. El llamado Grupo de los Siete cubría el 51 y 50% respectivamente. América Latina y el Caribe participaban solamente del 4% de las exportaciones mundiales y del 5% de las importaciones.

2. Al contrario de lo que se clamó triunfalistamente, el mundo no ha llegado al “fin de la historia”, ni entrado al “reino de utopía” después de la caída del muro de Berlín. Ante la llamada globalización, de hecho, el contexto mundial ha devenido altamente desigual. Parecería ser que ahora la polarización creciente es entre países pobres y países ricos.

El Informe sobre el Desarrollo Humano de 1999 indica que dos tercios de la humanidad no se han beneficiado del nuevo modelo económico basado en la expansión del comercio internacional y del desarrollo de nuevas tecnologías, y están excluídos de participar en la Sociedad de la Información (UNDP 1999). En el World Economic Outlook de 1997, el Fondo Monetario Internacional expresa que:

Dicho en términos simples, durante los últimos treinta años la gran mayoría de los países en desarrollo ... se han mantenido en el más bajo quintil de ingresos o han caído en él desde una posición relativamente más alta. Más aun, ahora hay menos países en desarrollo de ingreso medio y la movilidad ascendente parece haber disminuído en el tiempo. Mientras durante el período 1965-1975 había cierta tendencia a que los países se movieran hacia niveles más altos y progresaran relativamente con respecto a las economías avanzadas, las fuerzas de la polarización parecen haberse hecho más fuertes desde los inicios de los años ochenta (IMF 1997: 78).

Por otra parte, un informe del Sistema Económico Latinoamericano (SELA 1999) indica que en el Hemisferio Occidental la situación es sólo un poco menos dramática que a nivel mundial: Hay dos países de economías muy avanzadas Estados Unidos y Canadá, que en 1995 presentaban un PNB de $26,890 Dls. y $19,380, respectivamente. Y por otro lado, los países de América Latina y el Caribe, todos países “en desarrollo”, con un PNB per cápita promedio de $3,320. Si se consideran los extremos, destaca que Estados Unidos tiene un PNB per cápita 108 veces superior al de Haití ($250).

Al interior de los países también se han generado y agrandado desigualdades. Solamente un indicador sobre América Latina. La Comisión Económica para América Latina de las Naciones Unidas (Cepal 1998) calcula que en 1997, el 36% de los hogares latinoamericanos se encontraba bajo la línea de la pobreza (54% en las zonas rurales). El rango iba desde el Uruguay con sólo el 6% (otros países con una proporción baja: Costa Rica y Chile con 20%), hasta Honduras con el 74% de su población bajo la línea de la pobreza, El Salvador con 48%, Bolivia con 47%, México con 43%.

3. La desigualdad mundial en riqueza y en el acceso de la población a los beneficios del progreso se refleja en la inequidad en el desarrollo de las industrias culturales y en el acceso diferencial de los ciudadanos a estas fuentes de entretenimiento, información y educación. Así, por ejemplo una encuesta reciente de la UNESCO (2000b) sobre las industrias cinematográficas nacionales, muestra que la capacidad de producción cinematográfica tiene una alta correlación con diversos indicadores de desarrollo como el producto nacional bruto y la urbanización, así como con otras variables de medios, tanto en términos de posibilidades de producción como de recepción. A pesar de que China (incluyendo a Hong Kong), India y Filipinas se encuentran entre los mayores productores de filmes del mundo, Estados Unidos da cuenta de 85% del comercio mundial cinematográfico registrado en tal encuesta (ibid.). Con respecto al acceso a las nuevas tecnologías, demos un ejemplo: datos recientes de la OCDE (2000) indican que en 1999 Canadá y Estados Unidos daban cuenta del 55.9% de los usuarios de Internet en el mundo. Europa casi una cuarta parte (23.5%). El área Asia-Pacífico 16.7%. Latinoamérica contaba apenas con el 2.6% de usuarios, en mejor posición que Africa (0.9%) o el Medio Oriente (0.4%).

De un Inventario de Medios de Comunicación en América Latina que realizó CIESPAL durante el decenio pasado, se desprende una alta concentración en el acceso a los medios, de acuerdo con los niveles de desarrollo de los países. Así, Brasil y México poseían más de la mitad de los periódicos y de las estaciones de radio y televisión del subcontinente (López Arjona 1993).

4. La desigualdad en el desarrollo de las industrias culturales a su vez se refleja en los flujos e intercambios internacionales.

El comercio de productos culturales ha crecido exponencialmente. Entre 1980 y 1998, el valor anual del comercio de bienes culturales pasó de 95,340 millones de dólares a 387,927 millones de dólares (UNESCO 2000).

Sin embargo, la mayor parte de esos intercambios ocurren entre un número pequeño de países: en 1990, Japón, Estados Unidos, Alemania e Inglaterra daban cuenta del 55.4% de las exportaciones mundiales. Francia, Estados Unidos, Alemania e Inglaterra importaban 47% del total mundial. En 1998, China se sumaba a los dos grupos recién descritos, y en cada caso, los llamados “nuevos cinco grandes” concentraban 53% de las exportaciones y 57% de las importaciones (ibid.).

En un estudio sobre la industria audiovisual iberoamericana (Latinoamérica, más España y Portugal), se muestra que cinco empresas concentraban casi el 90% de las exportaciones de cine, video y televisión: Televisa, Rede Globo, Venevisión, Radio Caracas TV y RTVE. Las exportaciones de Televisa a su vez representaban casi el 50% del total. No obstante, las ventas de programas al extranjero constituyen todavía un porcentaje pequeño de los ingresos de estas compañías (MR & C 1998). Aun así, el gigante mexicano de medios ha incrementado sus ventas al exterior en los últimos años. Por ejemplo, según los informes anuales de Televisa, sus ventas netas al extranjero evolucionaron, de 9.9% en 1993, al 17.6% en 1997. El 75.3% del valor de sus exportaciones, y 97% de sus importaciones en 1997, se originó de Estados Unidos (Televisa, 1998). La alta proporción de exportaciones a Estados Unidos se explica en virtud de la manera diferencial en que se establecen los precios de programas televisivos en el mercado internacional, en términos del “poder adquisitivo” de cada país. Por dar un ejemplo, en 1990 Centro y Sudamérica compraron el 71% de las horas/programa que Televisa exportó, pero esto constituyó sólo el 37% de los ingresos recibidos. Estados Unidos, por otra parte, recibió solamente 9% de las horas de programación y aportó el 52% de los ingresos totales por ventas al exterior.

5. A pesar de la imagen optimista que se ha creado de Latinoamérica, ya sea como autosuficiente en el plano audiovisual (esp. telenovelas), o incluso como región exportadora, en realidad sigue siendo importadora neta.

Según el estudio recién citado de Media Research & Consultancy-Spain, aun México, que concentraba el 50% de las exportaciones de la industria audiovisual de Iberoamérica en 1997, es país deficitario: en 1996 se estima que tuvo un déficit de 158 millones de dólares y en 1997 de 106 millones de dólares (2,247 millones la región entera) (MR&C 1997; 1998). Partiendo de datos oficiales, yo calculé que para el mismo 1997 México tuvo un déficit de 22.7 millones de dólares solamente en la balanza comercial televisiva (Sánchez Ruiz 2000).

Un 87%% de las importaciones audiovisuales de Iberoamérica, provenía de Estados Unidos; 6% de otros países europeos y 5% de la propia región. Solamente de televisión, el 95% de las señales importadas vía satélite (925 millones de dólares) y 77% de los programas (más de 900 millones dls.), provenían de Estados Unidos. Una alta proporción de las señales que se importan se transmiten por televisión de paga, que aun es minoritaria en América Latina.

En el diagnóstico que realizó CIESPAL se encontró que los intercambios entre países latinoamericanos eran menos intensos de lo que se suele suponer. Así, del total de horas de programación  importada en los 16 países incluídos, el 62% se originaba en Estados Unidos; de los propios países latinoamericanos provenía el 30%, mientras que de Europa y Asia eran respectivamente el 6% y 1.7% (Estrella 1993). Sin embargo, es claro que unos pocos países latinoamericanos están adquiriendo mayor capacidad de producción y exportación, como Brasil, México, Argentina y en menos medida Venezuela, Perú y Colombia.

Si bien la tendencia en líneas generales en la televisión abierta es hacia la disminución de la programación importada de Estados Unidos, en la televisión de paga, que se está expandiendo rápidamente entre los segmentos altos y medios del espectro socioeconómico latinoamericano, siguen siendo muy altas las importaciones. Por ejemplo, en Chile, en 1998, en la televisión abierta cerca del 40% era importado, mientras que en la televisión por cable la proporción importada era del 73%. La mitad de ésta provenía de Estados Unidos (Consejo Nacional de Televisión 1999; Secretaría de Comunicación y Cultura 1999).

Es ya casi un lugar común que el público Latinoamericano tiende a preferir la programación local, usualmente deportes (futbol), telenovelas y noticieros. Pero un género que suele ocupar los primeros lugares en preferencias, junto con los anteriores, son las películas cinematográficas. Y de éstas, las que más abundan en la oferta en el mercado audiovisual global son las de Estados Unidos. Así, por ejemplo según datos publicados en un desplegado periodístico por Televisa, de los cien programas más vistos en la televisión mexicana durante 1996, 46 fueron películas de Hollywood, transmitidas por el Canal 5, que se especializa en programación extranjera infantil y juvenil (Siglo 21 1996).

6. La expansión y diversificación de nuevas opciones audiovisuales (televisión digital, todas las modalidades de TV de paga, DVDs, etc.), que han sido  hechas posibles por la digitalización, está ya trayendo nuevas demandas de productos culturales audiovisuales. Los países latinoamericanos deben generar la capacidad para cubrir una parte importante de esa demanda al interior de cada uno, a fin de no tener que cubrirla principalmente en los mercados externos. Para que se genere tal competitividad externa, se necesita crear un ambiente competitivo interno.

7. Pero la convergencia que se ha ido dando entre las tecnologías de información, las telecomunicaciones y los medios audiovisuales a su vez está trayendo consigo otro tipo de convergencia, en la forma de las grandes fusiones, adquisiciones y alianzas estratégicas entre corporaciones (por ejemplo, del lado del “hardware” las empresas de telecomunicaciones, con las de televisión, para ofrecer servicios de Internet, TV de cable, telefonía y entretenimiento televisivo, entre otras posibilidades).

8. La alta concentración en unas pocas empresas de la producción y puesta en circulación, junto con la disparidad en los flujos e intercambios internacionales de productos culturales, limitan la diversidad y pluralidad de las manifestaciones culturales que circulan. Por ejemplo, en Iberoamérica el estudio de las principales empresas de televisión abierta por nivel de ingresos muestra que las diez mayores concentran el 70% del total de facturación del sector. Ya vimos que cinco firmas concentraban el 90% de las exportaciones en 1997 (MR&C 1998).

9. Los productos culturales no son solamente mercancías para ser consumidas en el corto o mediano plazo (como “bienes duraderos”o “no duraderos”). Los bienes y servicios de la industria cultural son, además de mercancías, propuestas de sentido sobre el mundo que nos rodea; constituyen propuestas de definición sobre quiénes somos (y quiénes no somos –identidad y alteridad--); los contenidos simbólicos de los productos culturales proponen socialmente –-y a veces imponen-- patrones estéticos –qué es lo bello y lo no bello--; proponen pautas éticas y contribuyen a configurar la moral social prevaleciente (lo “correcto/incorrecto”; lo “normal/anormal”, lo propio y lo impropio, lo propio y lo ajeno, ... ). Proponen representaciones sobre los diversos niveles de posibles “comunidades imaginarias”, desde lo local hasta lo “global”. Es decir, desde las identidades de barrio, pasando por las identificaciones con lo nacional o con lo deslocalizado, trans-nacional. Pueden ser portadoras simbólicas de las nuevas utopías socio-históricas (mundos posibles). Son universos simbólicos ligados a las comunidades que los producen y a colectividades afines con las que conectan a las primeras.

Pero también y principalmente, son dispositivos que pueden mostrar la gran diversidad, pluralidad y riqueza de las manifestaciones culturales (en el sentido más amplio: lenguajes, músicas, costumbres, vestidos, cocinas, etc.) que existen en el mundo.

10. Las industrias culturales no deben ser dejadas sin más en las “manos invisibles”, pero ciegas e insensibles, del mercado. Esto no significa regresar a los esquemas estatistas e intervencionistas del pasado, sino simplemente que el Estado, en tanto representante legítimo de quienes pueblan una nación, pueda regular, u orientar a las fuerzas ciegas de la oferta y la demanda. Si un gobierno es elegido democráticamente y opera con plena transparencia, sus objetivos y formas de operación efectivamente representan el interés común.

No se trata, entonces, de “apostar” por el mercado o por el Estado. La oferta y la demanda son de hecho fuerzas ciegas que, no hay duda, efectivamente ejercen presiones estructurales sobre los ciclos de producción, distribución y consumo de productos culturales. Pero ni la oferta ni la demanda poseen inteligencia, ni conciencia propias, ni sensibilidad humana, ni “identidad cultural” o étnica ...

11. El mundo “globalizado” y altamente interdependiente (aunque de manera sumamente asimétrica) no ha logrado borrar las naciones, ni los Estados-nación. Excesivamente acotados, en especial en lo que se refiere a políticas económicas, pero los gobiernos continúan siendo actores centrales al interior de cada nación, y en el concierto internacional. Reducida, pero la soberanía nacional aún existe y se ejerce. Los países como entidades geopolíticas, geoeconómicas y “geoculturales”, siguen teniendo intereses nacionales de frente a otras naciones y a los nuevos poderes trans- y multinacionales. La nacionalidad continúa siendo una referencia simbólica-espacial significativa para la inmensa mayoría de los pobladores de la mayoría de los países. Si es el caso de que la democracia ha avanzado en el mundo y en particular en América Latina durante las últimas décadas, entonces los gobiernos son representantes legítimos de los intereses nacionales en cada caso. Entonces, es legítimo que ejerzan políticas públicas para hacer competitivas y eficientes, plurales y diversas, las industrias culturales.

12. Hay muestras de que ciertas políticas de apoyo a las industrias culturales, en particular las del sector audiovisual, ayudan al desarrollo de las mismas. Por ejemplo, las industrias cinematográficas de Argentina y Brasil  han repuntado gracias al impacto de nuevas leyes de fomento. De acuerdo con los resultados del programa de investigación Euroficción, está ocurriendo un proceso de reconquista de las pantallas televisivas europeas por parte de los programas de ficción locales, que se están produciendo gracias a los programas de apoyo al audiovisual implementados por la Unión Europea (Buonano 1999). Algo similar estaría ocurriendo con la cinematografía Europea, según el Observatorio Europeo del Audiovisual. Aun el gobierno chileno, que se ha caracterizado por instumentar políticas económicas neoliberales “ortodoxas”, está estudiando mediante su ministerio de Educación y Cultura, formas posibles de apoyar su sector audiovisual (Secretaría de Comunicación y Cultura 1999). Las exportaciones canadienses de productos culturales se han duplicado en los últimos años, en parte gracias a las políticas públicas que, más que “proteger” el sector, buscan promoverlo y desarrollarlo (SAGIT 1999).

Con la convergencia entre las telecomunicaciones, las tecnologías de información y los medios de comunicación, está ocurriendo (en los niveles nacionales y globalmente) una intensificación del proceso de concentración de las empresas, con integraciones verticales y horizontales de “hardware y  software”, de las redes y los contenidos. Tal convergencia industrial, tendencia hacia la concentración y centralización del capital, tiene implicaciones políticas, en términos de constituírse en un obstáculo potencial para la pluralidad y la democracia. Ya pasaron y se superaron los años del estatismo e intervencionismo autoritarios de los años setenta. Sin embargo, desde la perspectiva de salvaguardar la diversidad cultural y el pluralismo político, la competencia y la competitividad de las empresas particulares, los gobiernos democráticos legítimos de la región deberían repensar seriamente desde el plano nacional y como región (o como subregiones) la situación de sus industrias culturales. Dados los imbalances, desigualdades y asimetrías que prevalecen en el sector, deberían ejercer políticas que impulsen un desarrollo cultural más sano, diverso y equilibrado.

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