Introducción
El objeto de este ensayo es entregar una
breve sinopsis histórica del cine chileno desde sus primeros días hasta el presente,
destacando las películas más relevantes de cada época junto a sus directores y
contextualizando la producción en su momento histórico. Junto con ello, he querido
presentar también los libros y algunas de las revistas más importantes que se publicaron
en Chile y en otros países acerca del cine chileno durante el siglo XX y que constituyen
fuente de consulta y referencia imprescindibles para cualquier investigación.
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El período mudo
El cine llegó prontamente a Latinoamérica y a
Chile. Tan sólo 8 meses después que los hermanos Lumière asombraron al público
parisino con sus primeras películas, ese mismo programa fue exhibido en Santiago en
agosto de 1896. Un cronista espectador de esa primera función escribía en la prensa
(periódico El Ferrocarril, con la ortografía de la época):
"A primera vista se diría que aquello es una pantalla
en que se reproducen imájenes o personajes; pero no bien empieza a funcionar el
cinematógrafo cuando se apodera del espectador la mas estraña sensacion de luz, de
movimiento y de vida que le trasporta como por obra de májia a las mas rápidas,
interesantes y variadas escenas de la vida real."
El invento de los
Lumière incentivó a anónimos camarógrafos a tomar las primeras "vistas
cinematográficas" de nuestro país. Varios autores consideran que la primera de
estas filmaciones estrenada fue el "Ejercicio General de Bombas" efectuado en la
plaza Aníbal Pinto de Valparaíso. Esta primera película chilena no habría superado los
3 minutos y fue presentada oficialmente junto a un film europeo sobre el Papa León XIII,
el 26 de mayo de 1902, en el teatro Odeón de Valparaíso.
Muchos de los
principales eventos políticos de la época fueron registrados por el incipiente cine
documental chileno, como las ceremonias cívicas, religiosas y militares de 1902 que
celebraban los acuerdos limítrofes con Argentina, las recepciones diplomáticas y
desfiles alegóricos, las aperturas del Congreso, las paradas militares, etc. Las calles
de Santiago, sus habitantes, sus edificios, los medios de transporte, la moda y la
"Belle Epoque", fueron captados en su espontaneidad y diversidad. Documentos
únicos pero lamentablemente ya irrecuperables. Afortunadamente, el cineasta Edmundo
Urrutia realizó un film antológico sobre el viejo cine mudo chileno, rescatando algunas
películas de aquélla época, titulado "Recordando" y que se estrenó en 1962.
En esos primeros
años se trataba de recoger imágenes, explorando la realidad sin una mayor pretensión,
utilizando esta nueva herramienta. Por lo demás, no existía una mayor preocupación por
la trascendencia que pudiera tener este invento. La clase dirigente e ilustrada
consideraba al cine como espectáculo de feria, apuntando sus preferencias culturales
hacia el teatro, la ópera y la zarzuela.
Las fiestas del
Centenario de la Independencia (1910) fueron profusamente registradas y actualmente
constituyen documentos fílmicos de gran valor patrimonial. Los camarógrafos pioneros
Julio Cheveney y Luis Larraín realizaron sendos documentales, cubriendo, por ejemplo, la
llegada de los restos del fallecido Presidente Pedro Montt desde Alemania y las
delegaciones extranjeras a las fiestas. A ello hay que agregar la exhibición de numerosos
"noticiarios" que se proyectaban en teatros como el Unión Central y el
Variedades.
Ese año 1910 marcó
también el inicio del cine argumental o de ficción en Chile: la película "Manuel
Rodríguez" fue la primera de este género, realizada por Adolfo Urzúa Rosas y
producida por la Compañía Cinematográfica del Pacífico. Fue estrenada el 10 de
septiembre de 1910 como homenaje al centenario y no excedió de los diez minutos.
Cinco años después,
el documentalista y fotógrafo italiano Salvador Giambastiani, recién llegado al país,
realizó el -en rigor- primer largometraje nacional: "La baraja de la muerte"
(1915). Sin embargo, Giambastiani realizó una labor mucho más fecunda en el campo del
documental, registrando acontecimientos cotidianos (Fiesta de estudiantes, 1916) y
también del mundo laboral: "Recuerdos del mineral de El Teniente" (1919) el
cual es considerado el mejor trabajo documental de la época muda.
También algunas
empresas e instituciones encargaron la realización de documentales sobre sus actividades,
como el caso de la Viña Undurraga y la Cruz Roja Chilena.
El cine argumental,
por su parte, exploró otros temas como el del pueblo mapuche en la película "La
agonía de Arauco" (1917) de Gabriela Bussenius -primera mujer en Chile tras las
cámaras- que enfocaba la tragedia de los indios despojados de sus tierras.
Ese mismo año
debutó el actor y pionero del cine Pedro Sienna. La película se tituló "El hombre
de acero" (1917), con escenas filmadas en distintos puntos de Santiago.
Posteriormente, Sienna (cuyo nombre real era Pedro Pérez) se dedicó a la realización de
films durante los fructíferos años veinte.
Esa década trajo una
gran actividad fílmica tanto en lo documental como en lo argumental, sin embargo, esto no
implicó -en la producción mayoritaria- una aproximación a la realidad nacional, que por
entonces atravesaba por una crisis de la institucionalidad político parlamentaria y el
fin del ciclo de explotación del salitre. Más bien las historias iban por el lado del
folletín y el estereotipo rural y urbano.
Por esta época se
filmaba en todo el país. Desde Iquique a Punta Arenas había productoras particulares
como los Estudios Hans Frey, Condor Film, Compañía Cinematográfica del Pacífico,
Patagonia Films, etc. En Santiago se produjeron importantes noticiarios, como el de la
Andes Films del diario La Nación y el Heraldo del diario El Mercurio.
Durante estos años
los diarios comienzan a tener en su página de espectáculos, una sección dedicada al
cine nacional, ya fuera una nueva producción, una nueva empresa o un actor destacado.
Aparecen también revistas especializadas como Cine Gaceta, Farándula y El Film, entre
otras.
Precisamente, un
actor de calidad, el ya mencionado Pedro Sienna realizó 2 importantes films: "Un
grito en el mar", premiada internacionalmente y de la que se conservan sólo algunos
minutos, y "El Húsar de la muerte", considerada unánimemente como la mejor
película del cine mudo chileno, realizada en 1925 y que conlleva toda una carga de
patriotismo bélico en una época caracterizada por el debilitamiento de la autoimagen
como país y los latentes problemas fronterizos con Perú.
Ese año de 1925 ha
sido el más prolífico del cine nacional filmándose 15 largometrajes. Al año siguiente
se realizaron 11. La temática general abordaba lo histórico, la comedia y el folletín
sentimental. Algunos realizadores importantes del período fueron Jorge Délano
Coke (Luz y sombra", 1926; "La calle del ensueño",
1929), Juan Pérez Berrocal ("Canta y no llores corazón", 1925), Carlos
Borcosque y otros. Las películas de entonces poseían un expedito sistema de
distribución en el que los productores vendían exhibiciones directamente a los dueños
de las salas de las distintas ciudades, permitiendo asegurar así una cierta cantidad de
espectadores en poco tiempo.
En el campo del
documental, hacia fines de 1924 dos camarógrafos registraron los momentos posteriores al
suicidio del dirigente obrero Luis Emilio Recabarren ocurrido el 19 de septiembre de ese
año, así como los funerales.
También durante este
decenio hubo dos films de dibujos animados. El primero (1921) fue de Nicolás Martínez y
Alfredo Serey y se trató de un cortometraje humorístico relativo a la llegada a la
Presidencia de Arturo Alessandri Palma. El segundo fue en 1924, se llamó "Vida y
milagros de Don Fausto" (personaje de la tira cómica de El Mercurio) y fue hecho por
Carlos Borcosque.
Si bien esta etapa
inicial del cine chileno fue productiva en lo documental y en lo argumental, no es posible
hablar de una "industria cinematográfica". Los esfuerzos fueron individuales,
aislados, una generación de "muchachos ilusos" como señaló alguna vez Pedro
Sienna. Los niveles técnicos eran precarios, los recursos mínimos, los temas nacionales
y la realidad propia estaban ausentes. Sin embargo, hay un puñado de películas que se
aproximaron notablemente a sus circunstancias históricas y recogieron del ambiente
temáticas nuevas como la miseria y el alcoholismo ("Uno de abajo" de Armando
Rojas, 1920); la infancia abandonada ("Pájaros sin nido" de Carlos Cariola,
1922); el mundo de las cárceles ("Los desheredados de la suerte" de Carlos
Pellegrín, 1924) o la drogadicción ("Cocaína" de Alberto Santana, 1927)
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Imagen y sonido
La llegada del cine
sonoro en los años treinta no trajo una revitalización, sino al contrario, una crisis,
enmarcada en el desastre económico internacional (el "crash" de 1929 que
afectó fuertemente al país), a la cual hay que añadir la crisis política nacional que
se prolongó de 1924 a 1932, golpes militares de por medio.
A nivel mundial, el
cine norteamericano estrenó su primera película sonora en 1927, "El cantante de
jazz" de Alan Crosland, con Al Jolson como protagonista. Esto marcó un avance
tecnológico al incorporar el sonido sincronizado y también una alteración en el
lenguaje cinematográfico, pues la "película hablada" implicó una revisión
total de la concepción expresiva.
En abril de 1930
nació Ecrán, la revista de cine más importante que recogió comentarios y críticas
cinematográficas de Chile y el extranjero por más de 30 años.
A Chile, la nueva
técnica del cine sonoro llegó en 1934. Ese año, Jorge Délano realizó la primera
película sonora: "Norte y Sur". Algunas
de las escenas fueron filmadas en escenografías hechas de cartón piedra, pues se
prefería la reconstrucción detallista de la realidad en vez de aprovechar los escenarios
naturales. Era la influencia de Hollywood, en donde todo se resolvía en los enormes
estudios que habían levantado las principales productoras.
El cine chileno no
encontraba una temática propia o un propósito cultural acerca del cine que se quería
hacer. Paisajismo costumbrista, comedia burguesa y los infaltables folletines
sentimentales eran los horizontes temáticos de los cineastas de la época.
Durante esta década
de los treinta, de acomodo a las nuevas técnicas del sonido y poca creatividad, sólo se
filmaron 7 películas: la ya comentada "Norte y sur" de Coke (1934); "El
hechizo del trigal" de Eugenio de Liguoro (1939); "Dos corazones y una
tonada" de Carlos García-Huidobro (1939); "Escándalo" de Coke (1939);
"Hombres del sur" de Juan Pérez Berrocal (1939); "Las apariencias
engañan" de Víctor Alvarez (1939) y "Entre gallos y medianoche" de
Eugenio de Liguoro (1939).
Desde el punto de
vista documental, lo más importante de destacar es la actividad de los noticiarios
nacionales, dentro de los cuales destacaron las actualidades captadas por las cámaras con
ocasión de la caída del Presidente Carlos Ibáñez, ocurrida el 26 de julio de 1931.
Este material dio origen al primer noticiario sonoro chileno exhibido el día 30 de julio
de ése año, producido por el diario La Nación.
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Los años de
Chile Films
El triunfo en 1938 del Frente Popular, trajo un importante impulso a la actividad estatal
como promotora del desarrollo económico. La creación de la Corporación de Fomento de la
Producción, CORFO, es un ejemplo meridiano. Esta empresa estatal consideró entre sus
planes la difusión de la cinematografía nacional a través de un organismo que contara
con todos los recursos necesarios. La idea era montar definitivamente una industria de
cine nacional para competir con las poderosas producciones transandinas, mexicanas y sobre
todo norteamericanas. En 1942 fue fundada Chile Films S.A.
La experiencia
fracasó. Se realizaron numerosas producciones durante la década, pero que no aportaron
ni en contenido ni en estilo. Las razones son variadas: elección de argumentos
cinematográficos confusos, supuestamente comerciales; la pretensión de internacionalizar
las películas mediante indefiniciones de todo tipo y los excesos indebidos de
producción, que acumularon deudas insalvables.
Esto refleja la
carencia de la idea de un proyecto cinematográfico más o menos definido y la ausencia de
reflexiones respecto al cine en general y al chileno en particular, en términos de
potenciar una industria del cine. Si pensamos que la sociedad chilena ha manifestado
cierto rechazo a los procesos de cambio y ha sido más bien conservadora e inocentemente
reaccionaria, esta actitud vital ciertamente estuvo reflejada en la cinematografía de los
años treinta a cincuenta con pinceladas pintoresquistas del mundo rural y del mundo
urbano que evitaban mirar la realidad.
El experimento de
Chile Films, erróneamente planificado, culminó con su clausura en 1949.
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El nuevo cine chileno
La llegada a principios de los años
cincuenta de directores extranjeros con oficio, como Pierre Chenal (1952) contribuyeron a
renovar el aire en el ambiente de la producción nacional. El resultado fueron dos films
de calidad que, según diversos autores, deben rescatarse: "Tres miradas a la
calle"(1957) de Naum Kramarenco y "La caleta olvidada" de Bruno Gebel
(1957) que incluso fue invitada al festival de Cannes.
Dos publicaciones
importantes aparecieron en los años 50. El primero era la autobiografía del realizador
Jorge Délano (Coke), pionero del cine mudo y destacado caricaturista, autor
del primer film sonoro, el ya mencionado Norte y Sur, de 1934. La obra lleva
por título Yo soy tú y fue publicada por la editorial Zig-Zag en 1954.
El otro fue el
folleto Grandezas y miserias del cine chileno 1910-1957 (Editorial Misión), publicado en
1957 por el también pionero Alberto Santana, director de numerosas películas del
período mudo.
Además debemos
agregar un importante texto publicado en 1955, en un volumen especial publicado por la
revista Zig-Zag, con motivo de sus 50 años. El artículo se titulaba Cabalgata
cinematográfica y fue escrito por la periodista y crítica de la revista Ecrán, María
Romero. El texto recorre la cinematografía y los principales directores y actores de los
clásicos del cine mudo, así como la producción sonora hasta los años 50. Cabe
mencionar que también en 1955 el cine club de la Universidad de Chile comenzó a publicar
la revista Séptimo Arte.
Asimismo, dentro de
lo importante de estos años estuvo la iniciativa universitaria de formar cineastas y
estudiar la técnica cinematográfica a través de talleres experimentales. En 1955 se
creó, impulsado por estudiantes, el primer cine-club universitario, el cual dos años
más tarde se convirtió en el Departamento de Cine Experimental de la Universidad de
Chile. Su primer director fue Sergio Bravo. Sus primeras realizaciones fueron documentales
como "Mimbre"(1957) y "Láminas de Almahue"(1961).
El mismo año 1955,
la Universidad Católica fundó el Instituto Fílmico, cuyo primer responsable fue Rafael
Sánchez, con estudios en Estados Unidos. El énfasis estuvo dado en la formación de
profesionales en cine documental y luego argumental. Sánchez realizó documentales
importantes como "Faro evangelistas" y "Chile, paralelo 56", ambos de
1964. Algunos autores consideran que la llegada del cine a las universidades permitió el
desarrollo de una reflexión más seria sobre los problemas del cine, de la técnica, del
lenguaje y de sus posibilidades expresivas. Por primera vez era posible encontrar una
voluntad creativa y un deseo de comunicación hasta ese momento ausente.
Durante los años
sesenta, el interés comercial fue cediendo paso a la preocupación por el nivel técnico
y argumental. A esto contribuyó la venida al país del documentalista holandés Joris
Ivens quien realizó el film "A Valparaíso", con técnicos y realizadores
chilenos como Sergio Bravo, para quienes fue una gran oportunidad de aprendizaje. Por su
parte, el cine club de Viña del Mar sacó su propia revista, Cine foro, por el año 1962.
Nieves Yancovic y
Jorge di Lauro, dedicados al cine desde hacía años, realizaron el documental
"Andacollo" en 1958, que constituye un valioso documento para el estudio de la
religiosidad popular. En 1965 filmaron "Isla de Pascua", siguiendo en su intento
por registrar las expresiones culturales del país.
En ese año, el
gobierno del Presidente Eduardo Frei decidió reactivar Chile Films, nombrando como
director al cineasta Patricio Kaulen. Nació por ese entonces el noticiario "Chile en
marcha" de manifiesto apoyo al programa gubernamental.
El año 1966
apareció el primer libro propiamente tal acerca de la historia del cine chileno. Se trata
de la Historia del cine chileno (Imprenta Arancibia) escrita por Mario Godoy, previamente
publicada por capítulos en la revista Ecrán, donde Godoy se desempeñaba como crítico.
Incluyó valiosa información acerca del cine mudo y adquiere valor particular por
tratarse del primer registro historiográfico en formato libro específicamente dedicado
al cine en Chile.
El surgimiento del
compromiso político fue el elemento característico del cine chileno en los años
sesenta. La realidad social, política y económica fue objeto de la preocupación de los
cineastas, en una búsqueda por denunciar los problemas del subdesarrollo influidos por la
revolución cubana. El cine chileno entró en una relación de sintonía consciente con su
medioambiente político, social y cultural.
Fue la década del
llamado Nuevo Cine chileno, que partió tímidamente con películas como "Largo
Viaje"(1967) de Patricio Kaulen que abrió la temática social, evocando un poco el
neorrealismo italiano. Ese año se estrenó también la película "Érase un niño,
un guerrillero, un caballo..." de Helvio Soto, que recogió testimonios y entrevistas
sobre temas como la revolución, el hambre y la infancia. También se llevó a cabo el
Quinto Festival de Cine de Viña del Mar. Fue un hito, ya que reunió por primera vez una
muestra del nuevo cine latinoamericano que se realizaba, junto a sus principales
cineastas. Los anteriores festivales sólo habían presentado películas nacionales. Fue
un encuentro que confirmó la existencia de una oleada de cineastas comprometidos con la
identidad latinoamericana y con un proyecto de cine político y social crítico. Este
proceso implicó una necesaria toma de postura, una definición del papel del intelectual
y del artista en la sociedad, comprometido con su entorno y los cambios
político-sociales.
En el Sexto Festival
(1969, segundo de características y cobertura latinoamericanas), se destacaron tres films
chilenos considerados como de los mejores de la cinematografía nacional: "Tres
tristes tigres" realizada en 1968 por Raúl Ruiz; "Valparaíso, mi amor" de
Aldo Francia (1969) y "El Chacal de Nahueltoro" de Miguel Littin (1969).
Asimismo el año 1968
la Universidad de Chile de Valparaíso creó la carrera de cine, a cargo de profesores
como Aldo Francia, Sergio Bravo, Kerry Oñate, Pedro Chaskel, José Román y otros. Dos
años más tarde, la Universidad Católica abrió la Escuela de Artes de la Comunicación,
con la intención de formar profesionales en teatro, cine y televisión. Producto de esta
escuela fue el largometraje documental "Primer año"(1971), de Patricio Guzmán,
en que registró los comienzos del gobierno de la Unidad Popular.
El período de
gobierno del Presidente Allende mantuvo los niveles de producción fílmica que se venían
registrando. Chile Films recuperó sus condición de organismo estatal del cine. El
realizador Miguel Littin fue nombrado presidente de la institución, asumiendo un programa
de difusión del cine a los sectores populares, como parte de la política cultural del
gobierno.
Sin duda el cine
reflejó de una manera muy clara el proceso político que vivía el país. Películas como
"Ya no basta con rezar" de Aldo Francia (1972) o "Voto más fusil" de
Helvio Soto (1971) se insertan dentro del cruce de expectativas e ideologismos que
experimentaba la sociedad chilena. La primera aborda la actitud de la Iglesia en los
procesos de transformación revolucionario. La segunda recrea el asesinato del general
chileno René Schneider en octubre de 1970.
Cinco años después
del libro de Mario Godoy, en 1971, apareció bajo el sello de la estatal editorial
Quimantú, la Historia del cine chileno de Carlos Ossa. Obra crítica y de un marcado
acento ideológico, posee importante información y fotografías y es también un reflejo
del discurso de izquierda acerca de la cultura (en este caso del cine) en esos años.
Además, ése año se publicó un libro técnico y de importancia en los estudios de cine
en latinoamérica: El montaje cinematográfico. Arte del movimiento, del mencionado Rafael
Sánchez.
El cine documental de
este período es riquísimo. Hubo mucha gente que salió a las calles a filmar y registrar
esta experiencia política sin precedentes: "Compañero Presidente" de Miguel
Littin (1971), "Venceremos" de Pedro Chaskel (1970) , "Santa María de
Iquique" de Claudio Sapiaín (1971) , "Entre ponerle y no ponerle" de
Héctor Ríos (1972), etc. Sin embargo, el proyecto documental más ambicioso fue "La
batalla de Chile", del realizador Patricio Guzmán (que previamente había filmado
"El primer año" que ya se mencionó y "La respuesta de Octubre" en
1972), el cual, ya en el exilio, y recopilando decenas de horas de filmación, editó el
documental en tres capítulos llamados: "La insurrección de la burguesía"
(1975); "El golpe de Estado" (1976) y "El poder popular" (1979).
Dentro de las
publicaciones periódicas debe destacarse la efímera pero relevante revista Primer Plano,
de la Universidad Católica de Valparaíso.
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El período militar
El golpe militar del
11 de Septiembre de 1973 detuvo la producción de cine nacional. Realizadores y técnicos
abandonaron el país (otros sufrieron los rigores de la represión, incluyendo el
camarógrafo Jorge Müller quien se encuentra hasta hoy desaparecido) o se volcaron a la
publicidad y los documentales turísticos. Por otra parte, el patrimonio fílmico también
resultó dañado, pues a los pocos días de instalarse en el poder, los militares llegaron
a las dependencias de Chile Films y procedieron a quemar durante días noticiarios y
películas documentales.
La censura política
también se manifestó en el decreto N° 679 de 1974 que estableció el rechazo de
películas que manifestaran inspiración marxista o contrarias al orden público, la
patria o la nacionalidad. Además, la escasa legislación que fomentaba la producción
nacional (franquicias para la internación de película virgen) fue derogada. Las escuelas
de cine o de comunicación fueron cerradas. El cine chileno como expresión cultural
desapareció.
Paradójicamente, en
esos años, en 1979, se escribió un importante trabajo de investigación histórica
acerca del cine chileno argumental y documental: Re-visión del cine chileno (Ed.
Aconcagua), de la investigadora Alicia Vega, al alero del centro de investigaciones
mediales Ceneca.
Hasta 1983 sólo 2
películas chilenas se estrenaron en el circuito comercial, "Julio comienza en
Julio" de Silvio Caiozzi (1978) y "El último grumete" de Jorge López
(1983). Unicamente en el exilio logró rearticularse el cine chileno con un tono evocativo
y crítico y con una producción sostenida (más de 170 filmes entre 1973 y 1983) en la
cual destacaron cineastas como Raúl Ruiz y Miguel Littin.
Asimismo, se
publicaron 2 libros (en España) acerca del cine chileno y el golpe militar: La batalla de
Chile. La lucha de un pueblo sin armas de Patricio Guzmán (Editorial Ayuso, 1977) y El
cine contra el fascismo de Pedro Sempere y Patricio Guzmán (Editorial F. Torres, 1977).
En 1983 apareció la revista Enfoque, que
reunió a los mejores críticos de cine del país. Probablemente la publicación más
sólida de las últimas décadas, con 18 números entre 1983 y 1991.
En los siguientes años se desarrolló un
cine tímidamente social como Nemesio, de Cristián Lorca (1986) y con
referencias a la situación política como La estación del regreso de Leo
Kocking (1987).
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La transición y los años 90. Más cine y
más libros.
Con la película Imagen
latente de Pablo Perelman (1988) se inicia un ciclo de realizaciones directamente
vinculadas al pasado político reciente y a las violaciones de derechos humanos. Cabe
mencionar Consuelo de Luis Vera (1988) filmada en Chile y Suecia acerca del
retorno del exilio. El primer libro sobre cine chileno en 10 años es Plano secuencia de
la memoria de Chile. Veinticinco años de cine chileno (1960-1985), de la investigadora
Jacqueline Mouesca (Editorial del Litoral, Santiago-Madrid, 1988). También se filman
películas de tipo comedia situacional, livianas, sentimentales y de éxito comercial como
Sussi de Gonzalo Justiniano (1988) o thriller experimentales como Hay
algo allá afuera de José Maldonado (1989).
Uno de los eventos importantes de estos
años recientes ha sido la reedición del Festival Internacional Latinoamericano de Cine
de Viña del Mar (interrumpido después de 1973), ocasión en que se reencontraron
cineastas y películas del continente, junto a seminarios, publicaciones y estrenos.
Paralelamente, apareció el libro Nuevo Cine Latinoamericano en Viña del Mar (Ed.
Cesoc-Artecien, 1990) del cineasta Aldo Francia. Dos películas refuerzan la esperanza de
retomar la senda de la producción sostenida: La luna en el espejo de Silvio
Caiozzi, basada en un cuento del escritor José Donoso y Caluga o menta de
Gonzalo Justiniano, una lectura descarnada de la juventud marginal de los años de
transición.
Al año siguiente, 1991, se estrena la
película La Frontera de Ricardo Larraín, que relata la vida de un relegado
político en el sur de Chile. Ha sido la película más premiada internacionalmente y tuvo
un enorme éxito de público y crítica, convirtiéndose en el film emblemático del
retorno a la democracia.
El año 1992, se realizan 2 estrenos:
Archipiélago de Pablo Perelman, retomando el tema de la violencia política
de los años 80 y Palomita Blanca de Raúl Ruiz, film realizado en 1971 y que
retrata la sociedad y el proceso político de esos años, basado en una popular novela de
Enrique Lafourcade. Otro libro aparece ese año: Cine chileno 20 años: 1970-1990, de
Jacqueline Mouesca, publicado por el Ministerio de Educación.
Una interesante película se estrena en
1993: Johnny Cien pesos del cineasta Gustavo Graef-Marino. Este film relata un
asalto en pleno centro de la ciudad, con ácidos comentarios sociales, políticos y a los
medios de comunicación. Asimismo, el Banco del Estado comenzó a facilitar créditos a
los cineastas con el fin de fundar definitivamente una industria cinematográfica. Con
esos recursos (cerca de 3 millones de dólares) se filmaron algunas películas, sin mucho
éxito comercial, lo cual implicó deudas impagas hasta el día de hoy. Paralelamente, la
Biblioteca Nacional publicó el libro Alone y el cine chileno de Alfonso Calderón
(Ediciones Centro Barros Arana, 1993) que recopila las reflexiones acerca del cine del
destacado crítico literario, Hernán Díaz.
Ya en 1994 nos encontramos con 2 nuevos
libros: Cine mudo chileno de Eliana Jara (Imp. los Héroes) y Películas chilenas de Julio
López Navarro (Editorial La Noria). El primero es una completa revisión de la
filmografía del período mudo, con los comentarios de la prensa de la época y el segundo
hace lo mismo con el período sonoro hasta 1993. Ambos se complementan y son obras de
consulta obligada para emprender cualquier investigación.
Ese mismo año se estrena otra importante
película que reflexiona sobre el pasado, la memoria, el olvido y las experiencias
límites: Amnesia de Gonzalo Justiniano.
En 1995, otros 2 libros llegan a las
librerías: Cien años(claves) del cine de Ascanio Cavallo y Antonio Martínez (Editorial
Planeta), revisión personal de los mejores filmes de la historia, a propósito del
centenario del cine, y en la misma línea, aunque menos sugerente: Las mejores películas
de todos los tiempos (Editorial Pantalla Grande) de Julio López N. Además tres nuevas
películas se estrenaron ese año: La rubia de Kennedy de Arnaldo Valsecchi,
Mi último hombre de Tatiana Gaviola y En mi casa a las ocho de
Christine Lucas.
Finalmente debemos destacar las
realizaciones cinematográficas de 1997 y 1998: Historias de fútbol de
Andrés Wood (1997) que se articula en 3 relatos vinculados por la pasión del fútbol y
Gringuito de Sergio Castilla, una historia de reencuentro luego del exilio y
que se mueve alrededor de la ciudad sus personajes y el Chile de la transición, en un
relato focalizado en un niño que llega con sus padres desde Nueva York.
También entre 1997 y 1998 se publicaron
los libros Chile versus Hollywood del periodista Daniel Olave (Editorial Grijalbo, 1997)
que constituye una rigurosa recopilación de las películas extranjeras que se han filmado
en Chile y los actores chilenos en Hollywood, en definitiva, lo chileno en el
contexto del cine norteamericano. El cine en Chile. Crónica en tres tiempos de Jacqueline
Mouesca (Editorial Planeta-UNAB, 1997) historia de la crítica de cine, de la revista
Ecrán, del cine sonoro, etc. y finalmente, Cine y memoria del siglo XX de la misma autora
y Carlos Orellana (Editorial LOM, 1998) que realiza un paralelo entre el cine chileno
desde sus orígenes, el equivalente en el cine europeo y norteamericano y el contexto
histórico en Chile y el mundo.
Por último, desde fines de1998 hasta marzo
de 2000 se han estrenado los siguientes filmes: El hombre que imaginaba de
Claudio Sapiaín (1998), Cielo ciego de Nicolás Acuña (1998), Last
call producción chileno-norteamericana dirigida por Christine Lucas (1998),
El entusiasmo de Ricardo Larraín (1998), El desquite de Andrés
Wood (1999), No tan lejos de Andrómeda de Juan Vicente Araya (1999),
Tuve un sueño contigo de Gonzalo Justiniano (1999) y En un lugar de la
noche de Martín Rodríguez (2000).
Esta producción, y toda la de los años
noventa es sugerentemente analizada en el último texto publicado sobre cine chileno,
Huérfanos y perdidos. El cine chileno de la transición, (Grijalbo, 1999) escrito por el
periodista y crítico de cine Ascanio Cavallo, a partir de la tesis universitaria de los
periodistas Pablo Douzet y Cecilia Rodríguez.
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Conclusiones
Una visión general del cine chileno
nos sugiere algunas reflexiones finales acerca de las películas y los libros:
Tanto la cantidad de películas filmadas
como la infraestructura industrial del cine en Chile muestran un nivel muy secundario a
nivel latinoamericano, detrás de México, Brasil y Argentina, países con una
filmografía mucho más amplia, una industria cinematográfica más sólida y un mercado
mucho más grande para colocar su producción.
Durante el siglo XX, 2 períodos pueden ser
considerados como muy productivos y con películas sintonizadas social y políticamente
con su contexto conflictivo: los años veinte y los años sesenta. En ambos períodos y
por distintas razones, en uno por la crisis de la cuestión social, la débil autoimagen
nacional y la decadencia de la elite político-social y en el otro por la efervescencia
política social y cultural generada por la revolución cubana y los cambios políticos en
Chile, las películas filmadas daban cuenta de esos temas y proponían un punto de vista.
La actual situación no es de gran
optimismo entre los productores debido a la permanente ausencia de recursos para filmar,
aunque las co-producciones con otros países han resultado una positiva opción. A ello
hay que agregar la saludable tendencia a elaborar guiones cada vez más trabajados y con
temáticas reconocibles, identificables, que comentan la sociedad y su contexto pero
privilegian una buena historia, convirtiéndose en éxitos comerciales. Lo discursivo de
comienzos de los noventa ha dado paso al comentario social en torno a historias más
sencillas, menos retóricas y destinadas al circuito comercial.
Respecto a los textos que se han escrito en
torno al cine chileno, la producción es pobre y se inició muy tardíamente, pero en los
últimos 8 años se han escrito y publicado más que en todo el siglo. Desde el primer
texto, de 1954, hasta 1973 (19 años) se publicaron 6 libros: una autobiografía (la de
Délano), una historia anecdótica (Santana), un artículo extenso (María Romero), la
primera recopilación histórica más sistemática (Godoy), una segunda, más completa y
con un punto de vista ideológico (Ossa) y un texto técnico (Sánchez).
Posteriormente, durante el régimen
militar, se publicó una rigurosa historia del cine argumental y documental chileno
(Vega), clásico para estudiar el tema. Y en España aparecieron, producto del exilio de
los cineastas y la reflexión que ello conllevó, otros dos textos referentes al golpe
militar (ambos de Patricio Guzmán). La única publicación periódica importante fue la
revista Enfoque (1983-1991), sin por ello disminuir el valor de Ecran, décadas antes. El
otro libro de este período publicado en Chile durante ése período fue el de Jacqueline
Mouesca y su notable investigación sobre el cine chileno entre 1960 y 1985, con un agudo
análisis del período de la Unidad Popular (1970-73).
Finalmente, recuperada la democracia, y
hasta hoy día, junto con la nueva producción cinematográfica, comenzaron a aparecer
más libros como la historia de los festivales de cine de Viña del Mar (Francia), el cine
del exilio (Mouesca), recopilación documental de comentario fílmico literario
(Calderón), importantes trabajos acerca del cine mudo (Jara) y cine sonoro (López),
además de temas específicos como la relación entre Chile y la industria hollywoodense
(Olave), y los dos títulos recientemente publicados sobre temas de la historia del cine
chileno, la crítica y la evolución paralela a nivel mundial (Mouesca). Y por último, el
trabajo sobre el cine de transición (Cavallo) que resulta una imprescindible
investigación acerca del cine de los años 90, por su mirada crítica y análisis
técnico de la factura fílmica así como por su selección precisa de diálogos.
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Fuentes
consultadas
Cavallo, Ascanio, et.al. Huérfanos y
perdidos. El cine chileno de la transición. Ed.
Grijalbo, 1999.
Jara
Donoso, Eliana. Cine
mudo chileno, Imp. los Héroes, 1994.
López Navarro, Julio. Películas
chilenas, Editorial La Noria, 1994.
Mouesca, Jacqueline. Plano secuencia de
la memoria de Chile. Veinticinco años de cine chileno (1960-1985), Editorial del Litoral,
Santiago-Madrid, 1988
Mouesca Jacqueline y Carlos Orellana.
Cine y memoria del siglo XX, Editorial LOM, 1998.
Ossa Coo, Carlos. Historia del cine
chileno, Editorial Quimantú, 1971.
Vásquez, David. Cine e Historia, una
perspectiva convergente. Tesis Licenciatura en Historia, Pontificia Universidad Católica
de Chile, 1992.
Vega, Alicia.
Re-visión del cine chileno, Ed. Aconcagua, 1979.
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