Cátedra Unesco de Comunicação para o Desenvolvimento Regional

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Carta à redação

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PCLA - Volume 1 - número 3:  abril / maio / junho 2000

 

LIBERTAD CULTURAL, GLOBALIZACION CULTURAL Y ACCION PARTICIPATIVA

Jan Servaes
(Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, K.U.Bruselas)

 

Principais links

Libertad cultural

Globalización y localización cultural

Identidades individuales y colectivas

La acción participativa

Etica global

Bibliografia


Jan Servaes
Director de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, K.U.Bruselas
Director del Centro de Investigación "Comunicación para un Cambio Social" (CSC)

Dirección:
PSW-CSC, K.U.Brussel, Vrijheidslaan 17,B-1081 Brussel, Bélgica
Teléfono: 32 – 2 – 412 42 78
Fax: 32 – 2 – 412 42 00
e-mail: freenet002@pi.be


Permítanme iniciar con una cita del Informe de la Comisión Mundial sobre Cultura y Desarrollo, presidida por el antiguo Secretario General de las Naciones Unidas, Javier Pérez de Cuéllar (1995) y auspiciada por la UNESCO: "Se está desarrollando en nuestros tiempos una cultura cívica global, una cultura que contiene nuevos elementos que deberán ser incorporados en una nueva ética global. La idea de los derechos humanos, el principio de la legitimidad, la transparencia y la ética emergente basada en la evidencia y las pruebas, son los principales puntos a ser considerados… Hoy en día, la idea de los derechos humanos, aunque todavía cuestionada por gobiernos recalcitrantes, es una regla de conducta política firmemente enclavada y tendrá que ser una piedra angular de toda ética global" (Javier Pérez de Cuéllar, 1995: 36-37).

El informe arguye claramente que un desarrollo, divorciado de su contexto humano o cultural, constituye un crecimiento sin alma. Esto significa que la cultura no puede ser reducida en última instancia a una posición secundaria como mero promotor del crecimiento económico. Continúa diciendo que "los gobiernos no pueden determinar la cultura de un pueblo: en efecto, aquéllos están parcialmente determinados por ella" (de Cuéllar, 1995: 15). El principio básico debería ser "la promoción del respeto por todas las culturas cuyos valores sean tolerantes hacia los de las demás. El respeto va más allá de la tolerancia e implica una actitud positiva hacia otra gente y un regocijo en su cultura. La paz social es necesaria para el desarrollo humano: a su vez requiere que las diferencias entre las culturas sean vistas no como algo extraño e inaceptable u odioso, sino como experimentos de maneras de vivir juntos que contienen lecciones e informaciones válidas para todos" (de Cuéllar, 1995: 25).

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Libertad cultural

No se trata únicamente de actitudes. También es una cuestión de poder. Deseo poner especial énfasis en este aspecto en vista de los acontecimientos recientes en Kosovo. Los políticos no pueden legislar sobre el respeto, como tampoco pueden obligar a la gente a comportarse de manera respetuosa. Pero sí pueden designar a la libertad cultural como uno de los pilares en los que descansa el Estado.

La libertad cultural es algo bastante especial. Difiere de otras formas de libertad en varios aspectos. En primer lugar, la mayoría de las libertades se refieren al individuo. La libertad cultural, al contrario, es una libertad colectiva. Viene siendo una condición para el florecimiento de la libertad individual. En segundo lugar, la libertad cultural, interpretada de manera correcta, es una garantía de la libertad en su totalidad. No sólo protege a la colectividad sino también los derechos de cada individuo que son parte de ella. En tercer lugar, la libertad cultural, al proteger modos alternativos de vida, promueve la creatividad, la experimentación y la diversidad, es decir los elementos esenciales del desarrollo humano. Finalmente, la libertad es central para la cultura, y particularmente la libertad de decidir por qué valoramos algo y por qué escogemos la vida que vivimos. "Una de las necesidades más fundamentales es la de tener la libertad de definir nuestras propias necesidades fundamentales" (de Cuéllar, 1995: 26).

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Globalización y localización cultural

Las observaciones hechas por la Comisión están en consonancia con las consideraciones actuales hechas en terrenos más teóricos. Sin embargo, sus observaciones deben ser modificadas y especifadas. Por ejemplo, se pueden distinguir, de manera muy general, dos dimensiones de la idea popular de globalización cultural. En primer lugar, sigue existiendo la fuerte idea de la modernización cultural, un proceso que defiende la idea de que las culturas deben modernizarse. En segundo lugar, existe la idea del desarrollo hacia una "cultura mundial" cosmopolita. Ambos procesos manifiestan una visión determinista o pasiva.

Por esta razón, opiniones más recientes sobre globalización cultural se refieren a dos procesos complementarios: uno que visualiza los procesos de cambio cultural en los niveles globales, y otro que considera el nivel local. Este último proceso es a menudo designado bajo el nombre de localización cultural. Con el concepto de localización cultural nos referimos básicamente al hecho de que los procesos de cambio cultural y los flujos de conocimiento, cultura o información deben ser interpretados y analizados en un contexto local en lugar de tratar de ubicarlos directamente en un contexto global. El flujo puede tener un carácter global, pero las interpretaciones de estos flujos son, en primer lugar, locales. La localización cultural se interesa particularmente por las dimensiones subjetivas de la globalización como un proceso de abajo hacia arriba (bottom-up) de interpretaciones.

Una perspectiva político-económica y de arriba hacia abajo (top-down) del desarrollo y del cambio cultural no toma en cuenta el hecho de que la mayoría de la gente vive en primer lugar vidas localmente determinadas, en el sentido geográfico de la palabra. Desde el interior de estas localidades la gente incorpora elementos de otras culturas. Una homogeneización en la entrega de productos y en los procesos productivos mismos no significa de manera implícita que el consumo también sea homogeneizador. Por consecuencia, la identidad y el consumo son dos términos estrechamente relacionados. En cierto sentido se puede decir que el consumo define las identidades o aún que la identidad es consumo: "eres lo que consumes".

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Identidades individuales y colectivas

En nuestros tiempos las identidades colectivas e individuales parecen estar fragmentadas (ver Servaes, 1997). Con esto queremos decir que las identidades están compuestas de marcos interpretados que surgen de niveles múltiples. Estos niveles van desde lo global a lo local. Una identidad global y una identidad local son, por consecuencia, "tipos ideales", que no existen en la vida real. Todas las identidades son una mezcla de aspectos globales y locales. La gente en los escenarios locales constantemente reformula sus propias identidades individuales y colectivas al consumir elementos culturales que surgen de una variedad de niveles.

Una consecuencia de tal toma de posición es que uno está en favor del "derecho a la cultura" desde un punto de vista interno (desde adentro hacia afuera). El artículo 27 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) declara: "Cada uno tiene el derecho de participar libremente en la vida cultural de la comunidad". Y una de las declaraciones de la Conferencia de la UNESCO de 1968 sobre "Derechos Culturales como Derechos Humanos" decía: "Los derechos a la cultura incluyen la prioridad para cada ser humano a la obtención de los medios necesarios para desarrollar su personalidad, así como su participación directa en la creación de valores humanos y el derecho a volverse, de esta manera, responsable de su situación, ya sea a nivel local o a nivel mundial" (subrayados míos, citado en Hamelink, 1994: 187-8).

El punto en el que hay que poner énfasis aquí es el hecho de que la escala mundial o el marco de referencia global no constituye una fuerza externa en relación con la creación de una identidad cultural ya sea individual o colectiva. El marco de referencia, efectivamente, no es otra cosa que un marco que guía, estructura, envuelve y enmarca las interpretaciones culturales localmente existentes.

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La acción participativa

Otra dimensión, más bien dirigida hacia la acción, de la localización cultural son por ejemplo las actividades de grupos de la sociedad civil y movimientos sociales de base que se ocupan de temas culturales y étnicos. Estas actividades tratan de contrabalancear los flujos culturales globales y expresan su preocupación por la identidad cultural local. Aquí también la preocupación principal gira alrededor de la localización y no de la globalización. Cuando los académicos hablan de movimientos sociales con una base global, a menudo se refieren únicamente a dos áreas en las cuales estos movimientos tienen tendencias globales: el medio ambiente y los derechos humanos.

Es en estas áreas en donde enfrentamos riesgos comunes, globales y en estos casos no existen "los otros". Pero en el caso de la cultura sí existen los otros. Es más, ni siquiera estamos seguros de que el hecho de compartir nuestra ansiedad con los otros pueda producir la experiencia de, para retomar la expresión de Tomlinson (1994: 63), un "nosotros" global. El calentamiento global y el alza del nivel del mar son por ejemplo catastróficos para muchas islas del Pacífico porque estas islas van a perder literalmente su tierra. Pero en este caso tampoco existe un "nosotros" global. Así que, aún sin el problema de la diversidad étnica, las diferencias religiosas fundamentales y la variedad cultural, tenemos grandes dificultades en crear un "nosotros" global.

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Etica global

Por consecuencia, la Comisión de Pérez de Cuéllar argumenta que existe una necesidad urgente de una ética global que parta de una perspectiva cultural global. La Comisión sugiere que las siguientes ideas principales formen el núcleo de una nueva ética global: a) los derechos y las responsabilidades humanos; b) la democracia y los elementos de la sociedad civil; c) la protección de las minorías; d) el compromiso con la resolución pacífica de los conflictos y con la negociación leal y e) la equidad dentro de y entre las generaciones. El informe observa que muchos elementos de una ética global están actualmente todavía ausentes de la gobernancia global.

Las ideas principales sobre las cuales tal ética debe ser construida han de ser cuidadosamente examinadas y también discutidas. A manera de conclusión, quisiera resumir las principales conclusiones de una conferencia internacional, llevada a cabo en Istambúl, Turquía, en noviembre de 1998, sobre el tema de la relación entre derechos humanos, cultura y desarrollo (Donders, 1999: 23). La conferencia concluyó que:

  1. La cooperación al desarrollo no se puede llevar a cabo en un vacío; no puede haber desarrollo si no está enraizado en las prácticas culturales positivas del grupo en cuestión.
  2. El desarrollo debe incluir estrategias de internacionalización de los derechos humanos basadas en la cultura así como el reconocimiento de la dignidad y la autodeterminación de las comunidades.
  3. El proceso de cultura y desarrollo es crucial y debe ser enfocado a y desde el nivel local.
  4. Los términos que se utilizan para la cultura no deberían de ser extendidos hacia los derechos. En lugar de esto, se debería regresar a las términos de derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales, tal como se encuentran en los Covenants de 1966 y se debería de tener un enfoque minimalista.
  5. Los derechos humanos individuales tienen prioridad sobre las prácticas culturales para todos los que participan en la cooperación al desarrollo.
  6. Es importante hacer efectivos los instrumentos disponibles sobre derechos humanos. Los derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales deben ser promovidos y utilizados para cambiar actitudes.
  7. Existe la necesidad de romper con el modelo dominante de desarrollo en el contexto de la globalización. Los grupos de la sociedad civil deben promover el desarrollo por medio del respeto a los derechos humanos, la paz, la tolerancia y la pluriformidad cultural.

 

 

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