Cátedra Unesco de Comunicação para o Desenvolvimento Regional

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Carta à redação

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PCLA - Volume 1 - número 3:  abril / maio / junho 2000

 

BALANCE Y PERSPECTIVAS DE LA INVESTIGACIÓN
COMUNICACIONAL EN BOLIVIA

Luis Ramiro Beltrán *
(Universidad Johns Hopkins / Bolívia)


* Palabras dichas en la clausura del Primer Encuentro Nacional y del Primer Seminario Latinoamericano sobre la Investigación de la Comunicación, realizados en Cochabamba, Bolivia, del 4 al 6 de noviembre de 1999


Estimados colegas y amigos:

Hemos llegado al término culminatorio de una faena académica de comunicación tan intensa, compleja y productiva que no tienen en Bolivia parangón ni precedente. En efecto, por primera vez ha habido aquí un encuentro nacional sobre investigación en comunicación y, al mismo tiempo, por vez primera también, un seminario internacional referente a dicha disciplina. Esta feliz conjugación ha permitido a más de un millar de bolivianos – profesores y estudiantes – interesados en la materia conocerse entre sí, cotejar ideas y compartir inquietudes. Y les ha dado, además, la ventajosa oportunidad del contacto directo con algo más de un centenar de colegas que vinieron de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, México, Paraguay, Perú y Uruguay, encabezados por una decena de comunicólogos de eminente trayectoria internacional.

 

Dieron fecundo pie al ejercicio finisecular de balance y proyección sobre la comunicación latinoamericana en relación con el desarrollo nacional 10 conferencias en plenaria a cargo de destacados investigadores, catedráticos y autores de Bolivia y del exterior. Una batería de mesas de trabajo simultáneas, sustentadas por alrededor de 100 ponencias, propició la reflexión especializada sobre 18 temas en grupos de discusión que produjeron conclusiones. Y, sin darse tregua, los distinguidos maestros visitantes ofrecieron a docentes e investigadores vespertinos cursos cortos sobre ciertos temas específicos.

 

Además de esas tres instancias de rico diálogo profesional – conferencias, mesas redondas y cursos – las reuniones de Cochabamba dieron marco y albergue a otras actividades importantes para la comunicología en Bolivia. Una fue la primera asamblea general de la recientemente establecida Asociación Boliviana de Carreras de Comunicación Social, que será afiliada a la FELAFACS. Otra fue una reunión del directorio de la Asociación Latinoamericana de Investigadores de la Comunicación (ALAIC) por primera vez realizada en Bolivia. Y una tercera fue la constitución de una organización nacional de investigadores de la comunicación, que marca el logro de una vieja aspiración y debe llevar a Bolivia, al fin, al seno de la ALAIC.

 

Nunca antes, es justo recalcarlo, se había dado en este país una ocasión tan valiosa y con tan grande afluencia de interesados para la superación profesional en nuestro campo. Mucho de bueno puede esperarse como producto de ella tanto en términos de reflexión académica e investigación científica como en los de agrupamiento profesional y de colaboración interinstitucional. El aislamiento de Bolivia respecto de las corrientes de pensamiento sobre nuestro oficio ha sido roto aquí por la presencia de ilustres colegas de otros países cuyos aportes actualizaron nuestra información y estimularon nuestra reflexión. Hemos aprendido de ellos y de dialogar entre nosotros. Hemos logrado consolidar y conformar las asociaciones de gremio que nos hacían mucha falta. Todo ello ha de reflejarse, sin duda, positivamente en la investigación y en la cátedra y nos ha de brindar iluminación y aliento para emprender la ruta del nuevo siglo mejor dotados para cumplir nuestro deber de servicio a nuestra sociedad y a su desarrollo.

 

Reciban, pues, los organizadores del encuentro y del seminario – la Universidad Andina Simón Bolívar, la Universidad Católica Boliviana y el Centro Interdisciplinario Boliviano de Estudios de la Comunicación (CIBEC) – la más cálida congratulación de todos por su audaz iniciativa, por su capacidad organizativa y por el éxito logrado en las deliberaciones de Cochabamba más allá de sus propias expectativas. La comunidad estudiosa de la comunicación debe especial reconocimiento a los capitanes de esta singular empresa, los colegas Erick Torrico, Fernando Andrade y Karina Herrera Miller. Y esa comunidad también agradece, por intermedio mío, el patrocinio moral de la ALAIC y el auspicio material que generosamente brindaron a la actividad tres instituciones de servicio público y once empresas comerciales e industriales.

 

La investigación sobre comunicación es en Bolivia un fenómeno de modesta naturaleza, limitada escala y reciente data. A diferencia de lo que sucede en otros países, en el nuestro ni el sector público la fomenta ni el sector privado la demanda excepto en cuanto a ocasionales estudios de mercadeo, registros de "raitings" de medios y encuestas de opinión pública, generalmente realizadas en función de inquietudes gubernamentales y coyunturas de política electoral. Más aún, ni las universidades que cuentan con carreras de comunicación tienen todavía programas propios de investigación que puedan acoger sistemática y acumulativamente empeños indagatorios de profesores y estudiantes. Esta actividad está, por tanto, confinada a la iniciativa individual que se da sólo muy rara vez fuera del ámbito universitario. Y en este ámbito se da para cumplir el requisito de tesis para graduación. No hay todavía catálogos que registren esas tesis, la dotación bibliográfica universitaria es magra y la disponibilidad de profesores que se especialicen en la enseñanza de la investigación científica aplicada a la comunicación es insuficiente. Y los niveles de remuneración para catedráticos son inadecuados.

 

Las carreras académicas están dirigidas a formar artistas de comunicación, productores de mensajes; no forman científicos de comunicación, productores de conocimientos. Sin embargo, puesto que ellas requieren tesis para graduar profesionales y dado que éstas son ejercicios de indagación científica, las universidades han tenido que ofrecer a sus estudiantes algunos cursos de metodología para ello. Infortunadamente, pareciera que, en general, ese recurso de apoyo no alcanza aún a subsanar del todo la aguda carencia de tal tipo de conocimientos, que predomina entre los estudiantes. Y ahí – en la paradoja de formar por cinco años artistas pero exigirles al final rendimientos de científicos – pueden radicar primordialmente dos problemas mayores en la actividad académica de comunicación. Por una parte, la calidad en promedio poco satisfactoria de las tesis en contenido y en método. Por otra parte, la baja cantidad de graduados en relación con el alto número de egresados.

 

En 1990, al hacer con Carlos Suárez y Guillermo Isaza, el primer intento de control de bibliografía de comunicación en Bolivia, identificamos ocho categorías temáticas, advertimos ciertas tendencias y carencias en los contenidos, encontramos sólo un mínimo de estudios de carácter científico y anotamos que, en general, la metodología empleada era elemental y poco rigurosa y mostraba una marcada preferencia por lo descriptivo sobre lo explicativo.

 

Algunas de estas anotaciones fueron corroboradas en 1992 por Erick Torrico en un primer análisis crítico específicamente referido a la investigación en comunicación en Bolivia. Este examen señaló, además, entre otras deficiencias, la ausencia de espacios institucionales dedicados específicamente a la investigación en comunicación, de personal especializado en ella, de programas de formación de investigadores, de mecanismos de consulta e intercambio y de servicios especializados en documentación sobre comunicación.

 

Indicaba entonces dicho investigador que en 1992 había cerca de 3.800 estudiantes en las carreras de comunicación de La Paz, Cochabamba, Oruro, Siglo XX y Santa Cruz y que el total de egresados de ellas era de 550, de los cuales sólo 70 habían culminado en la obtención del título de licenciatura y nada más que 10 hacían investigación con alguna sistematicidad.

 

En 1997 Torrico examinó los registros de las tesis de grado de las seis carreras de comunicación, privadas unas y estatales otras, de La Paz, Cochabamba y Santa Cruz que habían conferido ya grados sobre la base de defensas de tesis realizadas a lo largo de los 18 años entre 1978 y 1996. Su análisis lo llevó a la conclusión de que la mayoría de las admitidas para el otorgamiento de grado no llegaban a satisfacer en realidad los requisitos indispensables para constituir efectiva y rigurosamente una tesis académica.

 

Y, por último, la tesis de grado que Denisse Bellini Morales acaba de presentar para obtener la licenciatura examina las tendencias investigativas de las 36 tesis de comunicación aprobadas por una universidad privada entre 1993 y 1997. Ella confirma y ahonda observaciones críticas como las hasta aquí resumidas. Encuentra que casi en su totalidad esas tesis se limitan al nivel descriptivo y que, por tanto, hacen escasa contribución a la producción de conocimiento nuevo; que cerca de la mitad de ellas muestra como deficiencia primaria la conceptualización teórica adecuada; y que hay a menudo en varias de ellas confusión entre los marcos referencial, teórico y metodológico, así como imprecisión en el diseño y debilidad en las conclusiones.

 

A despecho de esta problemática de calidad, las tesis de grado universitario constituyen hoy más que nunca el eje y el grueso de la actividad de investigación en comunicación en Bolivia. Su avance en términos puramente cuantitativos ha sido de una amplitud y una celeridad sorprendentes en la presente década. Si esas tesis no alcanzaban a ser 100 en 1992, en 1996 habían llegado a 280; en 1998 la cifra saltó a 450 y el más reciente estimado de cerca de fines de 1999, la lleva cuando menos hasta 750. ¿Qué explica un crecimiento tan acelerado?.

 

En primer lugar, el rápido aumento de carreras de comunicación, especialmente en La Paz, Cochabamba y Santa Cruz, la casi vertiginosa proliferación de ellas que no siempre garantiza una adecuada calidad de la enseñanza; hay a la fecha cuando menos 12, un número desproporcionado respecto de la población del país y en relación con el mercado de empleo real y potencial. En segundo lugar, los meritorios empeños de algunas de las universidades para aumentar y mejorar los cursos y seminarios de metodología de la investigación. En tercer lugar, la rehabilitación de vastos números de antiguos egresados mediante cursillos de actualización y de aprendizaje conceptual y metodológico para hacer la tesis. En cuarto lugar, por lo menos en un par de casos, la presión institucional a los rezagados mediante el incentivo de un cobro de sumas por semestres académicos transcurridos sin presentarse a defensa de tesis. Y en quinto lugar la instauración, en los últimos dos años, de opciones de graduación alternativas a la tesis, tales como el examen de grado y el diseño de proyecto operativo. Estas alternativas no son de naturaleza científica, pero debieran ser tan sistemáticas, creativas y exigentes como se espera que las tesis sean. De lo contrario, de ser leves y breves en comparación con las tesis, podrían crear una indebida diferencia y hasta degenerar en un injusto e incorrecto facilitamiento de grado que podría llegar a dar por tierra con la labor de investigación académica. El riesgo de ello existe especialmente en los casos de aquellas carreras que en muchos años de existencia sólo han producido ínfimos números de licenciados y se empeñan ahora en ponerse al día deprisa.

 

La situación es, pues, preocupante, pero no insoluble. Afortunadamente emergen hoy en el horizonte algunas señales positivas que permiten vislumbrar con optimismo el mejoramiento de la investigación. Por ejemplo:

 

  • Al entrar al nuevo siglo Bolivia contará con medio millar de profesionales de comunicación con grado de licenciatura, de los cuales el más alto número corresponderá a la Universidad Católica Boliviana, la decana del oficio.
  • Desde hace un año los profesores de metodología de investigación en las sedes de La Paz y Cochabamba de la Universidad Católica, los colegas José Luis Aguirre y Marcelo Guardia, están realizando un promisorio ejercicio de intercambio bianual cooperativo entre sus estudiantes.
  • La Universidad Andina Simón Bolívar ha logrado consolidar el primer programa de postgrado en comunicación, al que diera inicio en 1996 con énfasis en la investigación científica, y con aportes de una docena de prestigiosos comunicólogos de México, Brasil, Perú y Argentina. Ha otorgado ya diplomas a 25 personas y títulos de maestría a 7 en comunicación para el desarrollo sostenible. Erick Torrico dirige este último, contando con el concurso temporal de sobresalientes especialistas del exterior, aporte crucial pues el número de profesionales bolivianos con postgrado en comunicación es mínimo.
  • También desde 1996 opera con razonable buen suceso, por iniciativa y con orientación del propio colega Torrico, el Centro Interdisciplinario Boliviano de Estudios de la Comunicación. Esta entidad privada, única en su tipo en el país, se dedica por entero a la investigación y a la documentación sobre comunicación, complementándola con capacitación y con documentación mediante una serie de valiosas publicaciones. Un estudio del CIBEC fue financiado por el Programa de Investigación Estratégica de Bolivia, dando así un reconocimiento excepcional a este campo de investigación. Por otra parte, el CIBEC está negociando con la Asociación de Periodistas de La Paz la fusión de sus respectivos servicios documentales.
  • Cuando menos dos de las universidades que habían comenzado a ofrecer alternativas de graduación a la tesis están asegurándose de la adecuación de ellas mediante reglamentos que las normen.
  • En 1998 investigadores de La Paz, Cochabamba, Sucre y Santa Cruz dieron nacimiento a una Red de Grupos Temáticos de Investigación en Comunicación a semejanza de la prestigiosa INTERCOM de Brasil que fundara el distinguido investigador y docente José Marques de Melo.
  • Se comienza a advertir el mejoramiento de la situación en materia de publicaciones. Hay ahora tres valiosas revistas que se ocupan de la especialidad: "Aportes", de la Universidad Privada de Santa Cruz, "Punto Cero", de la Universidad Católica-Cochabamba y "Comunicación", de un grupo privado en La Paz. Más por impulso personal que por acción institucional, está aumentando un poco el número de publicaciones de la especialidad por año. En efecto, según lo ha comprobado en un recuento el catedrático de la UMSA, Carlos Soria Galvarro, en el presente año, la década del 90 ha mostrado un apreciable incremento en el número de libros, folletos y artículos en diarios y revistas sobre la especialidad.
  • Parece experimentar cierto crecimiento especial el número de estudios sobre comunicación para el desarrollo. La temática tradicional de investigaciones viene cambiando al surgir estudios sobre cuestiones sociales nuevas como la ecología y la del enfoque de género. Se advierte marcada preferencia por realizar estudios de recepción y de consumo cultural bajo la inspiración de los planteamientos de ilustres teóricos latinoamericanos como Jesús Martín Barbero y Néstor García Canclini.
  • Con apoyo de la Fundación Konrad Adenauer, la Universidad Católica ha establecido en La Paz una cátedra de comunicación que patrocina periódicamente debates públicos sobre temas salientes del oficio.
  • Bolivia ha comenzado a proyectarse en comunicación hacia el exterior a partir de la presente década. Catedráticos y estudiantes bolivianos han asistido a varios encuentros internacionales y, a su vez, han recibido visitas de trabajo de colegas del exterior. Unos cuantos estudios bolivianos han trascendido las fronteras del país. Una tesis de grado de la Católica, la de José Luis Exeni sobre políticas públicas de comunicación, ganó un premio de la Federación Latinoamericana de Facultades y Escuelas de Comunicación.
  • Y también es auspicioso el hecho de que esté ya en actividad desde principios de la presente década una Asociación Nacional de Estudiantes de Comunicación.

 

Por todo ello hay, pues, en verdad, motivos para alentar optimismo. Estamos a tiempo para que la investigación científica sobre este oficio en nuestro país prospere y se consolide y, salvando deficiencias como las anotadas, refine su calidad sin perder el aporte de la cantidad. Para ello es, por supuesto, indispensable la voluntad de quienes dirigen la tarea en las instituciones académicas, ahora al fin felizmente asociadas para la enseñanza y la investigación. También lo son, sin duda, la intervención de los profesores y el aporte de los investigadores independientes, así como la comprensión del Estado y la ayuda de la empresa privada. Pero la fuerza motriz primordial del mejoramiento tiene que ser el concurso talentoso y entusiasta de la juventud estudiosa que ha escogido a la comunicación - arte y ciencia – como el camino de su vida. A la vera ya del año 2000, expresemos aquí plena confianza en que esta juventud ha de enfrentar resueltamente el desafío de ser abanderada de ese empeño para bien del porvenir de la nación boliviana.

 

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