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PCLA - Volume 3 - número 3: abril / maio / junho 2002

 

 

Gran Hermano. 
¿ficción o realidad?


Cosette CASTRO
(Periodista, maestría en comunicación PUC-RS - Brasil, profesora de Periodismo en Unisinos - Brasil, 
Doctoranda en Comunicación y Periodismo en la Universidad Autónoma de Barcelona)

y Maricela PORTILLO
(Periodista, maestría en comunicación en la Universidad Iberoamericana, México, 
Doctoranda en Comunicación en la Universidad Autónoma de Barcelo)


El año 2000 estuvo marcado por la irrupción en la pantalla televisiva europea de un formato innovador que acaparó la atención de audiencias, críticos de televisión e intelectuales. Hijo de la neotelevisión[1] y de los formatos televisivos globalizados, el programa Gran Hermano(GH), originalmente conocido como Big Brother (BB),   ha recorrido una  trayectoria de éxito desde su país de origen, Holanda[2], emitido en finales de 1999,   pasando por Alemania,  Bélgica, España, Francia, Grecia, Italia, Inglaterra, EUA y Portugal hasta empezar su segunda edición en Alemania (noviembre-2000), Holanda (diciembre-2000), Portugal (enero-2001) y España (marzo-2001).

 Aún en 2001, la tercera edición del programa fue emitida con éxito en Alemania, Portugal y Holanda. En Latino América,  el programa ya se encuentra en la segunda edición en Argentina, siendo emitido también para Uruguay. [3] Los programas globalizados en sí no son una novedad en el mercado televisivo[4], pero el formato, una variante de los reality shows[5],  puede ser considerado una novedad híbrida: mezcla programa de concursos, programa de auditorio, confesionario, culebrón y periodismo.

Además, por primera vez en España las audiencias pueden participar por cartas, e-mails, página web y teléfono, mezclando  tecnologías de comunicación, como la televisión abierta y la de pago, y también internet. O sea, el programa emitido por la televisión privada Telecinco[6] y por la productora Zeppelín TV[7] generó un mix mediático, que incluyó también la edición de la revista oficial de Gran Hermano en España. Ese paquete mediático, por su vez, generó una especie de resonancia  en el escenario mediático, ya que varias revistas (como por ejemplo Interviú o Pronto), la mayoría de la prensa de referencia española (El País, La Vanguardia, El ABC, El Periódico, etc) e incluso la competencia de Telecinco (Antena 3 y canales autonómicos[8]) hablaban del programa. Gran Hermano pautó la agenda mediática durante los tres meses que estuvo al aire y permitió una importante rentabilización económica no solo para Telecinco, Vía Digital y Quiero TV, sino para los demás medios de comunicación que aumentaron su tiraje a partir de GH [9].

Gran Hermano  trata de la vida de la gente común y corriente. En su primer edición, el programa consistió en mantener inicialmente a diez personas encerradas en una casa de 190 metros de vivienda y 249 de jardín con piscina (y veintinueve cámaras ocultas) sin tener contacto con el exterior. Este programa contó con diez guionistas que planteaban una actividad semanal a los participantes, además de psicólogos y  tutores con quien los participantes podrían charlar.

Los habitantes de la casa de Soto Mayor, localizada en los alrededores de Madrid,  deberían nominar cada dos semanas a dos compañeros para que el público eligiese quién debería salir al costo de 136 pesetas por minuto. Pero en España, en la primer edición, no hubo nominaciones y sí, una combinación solidaria[10] entre los participantes que delegó al público la responsabilidad de expulsar los participantes. El concursante que quedara hasta el final de noventa días, ganaría 20 millones de pesetas El fenómeno mediático del año 2000 se convirtió en un tema importante en la agenda sobre el que se discutía, se ironizaba, se satanizaba o, más aún, se comentaba sabrosamente en medio del cotilleo de una charla de sobremesa[11]. GH estimula el voyerismo y potencia la discusión sobre espacio público y privado, ya que los participantes se quedan encerrados en una casa durante  tres meses[12], como ocurrió en España.

En todos los países batió  récords de audiencia, mientras  los investigadores y expertos denunciaban el  programa como telebasura[13], aumentando la diferencia entre lo que es considerado bueno para el público y la mirada de las audiencias[14], cada vez más  híbridas. Los argumentos de fondo que subyacen en la crítica de muchos intelectuales que denuncian este tipo de programas etiquetándolos como un subproducto mediático, tienen que ver con una visión elitista de la cultura.

 Bajo esta mirada, la cultura es concebida en un sentido restringido. Nietzche señala que "el hombre masificado debía ser enseñado a conocer y aceptar su lugar natural para que la cultura tradicional no pereciera por el barbarismo"[15]. Coinciden con estos planteamientos elitistas de la cultura, la postura de Ortega y Gasset (1970), a quien suele atribuírsele la acuñación del término masa, con el cual aludía al "individuo despersonalizado y solitario producido por la situación moderna"[16].  Diversos pensadores de inicio de siglo coincidían en sus afirmaciones respecto a la degradación del mundo moderno, el cual, según ellos, había terminado por conformar un individuo desvinculado de sus redes sociales primarias, carente de identidad y aplastado bajo los efectos de una sociedad industrializada.

 Así: "(...) debido al resquebrajamiento de las costumbres, los hombres han perdido las normas tradicionales y se han convertido en utilizables y sujetos a la manipulación y la persuasión"[17]. Este tipo de enfoques sociológicos comparten los supuestos elitistas acerca de la cultura[18]. En el fondo, la masa, representaba el nuevo hombre, vulgar, banal, desarraigado, fácilmente manipulable que se guía por la emoción e ignora la razón.

Las repercusiones de considerar al individuo como masa aún se dejan sentir en la investigación de la comunicación actual. En este sentido, Martín-Barbero (1987) apela a una concepción amplia de la cultura, a partir de la cual pueda comprenderse a la audiencia como productora de significados y no como una masa indefensa y homogénea. La discusión sobre lo culto, lo popular y lo masivo  fue ampliamente debatida por este autor, para quien la cultura pasa por estos tres ámbitos imbricados entre sí. Martín-Barbero sugiere aún que la mirada del investigador debe seguir la pista de consumo de las audiencias a partir de las claves de la mediación televisiva, atendiendo más bien a los significados que la audiencia le atribuye a lo que ve y no a partir de la mirada deformada del investigador (o del experto) que mira a través de sus propios prejuicios subjetivos.

En términos generales, el programa logró tener un impacto  importante en las audiencias, sin embargo hubo sectores que se pronunciaron públicamente en su contra. Tal es el caso de las manifestaciones en artículos en diarios, o a través de la publicación de libros, como “Gran Hermano – el precio de la dignidad”, de Rebeca Quintana y Andrés Sánchez o así como las 15 mil firmas logradas por la Federación Ibérica de Asociaciones de Telespectadores y Oyentes (FIARYO), la Asociación de Telespectadores (ATR)  y la iglesia católica, a través de la Conferencia Episcopal [19]. Fuera de España, el programa también produjo sentimientos contradictorios, expandiendo la relación de amor y odio que acompaña Big Brother en todos los países. Si bien hubo manifestaciones en su contra en Italia, por otro lado los partidos políticos parodiaron “El Gran Fratello[20] en sus campañas, haciendo eco del debate mediático que se produjo en el vecino país. En Alemania,  también hubo manifestaciones públicas, pero eso no impidió que GH llegase a su tercera edición con éxito. En Francia también hubo manifestaciones y un amplio debate público a través de del periódico Le Monde Diplomatic y un grupo de abogados que discutían sobre la invasión a la privacidad, pero nada impidió el éxito popular de Loft Story, la versión francesa de Big Brother.

El Gran Hermano planteado por George Orwell  (1984),  por Peter Weir (El Show de Truman), Ron Howard (Ed TV) o por Michael Foucault (La Sociedad de la Vigilancia), en el año 2000 saltó de la literatura, del cine y de la filosofía a la televisión (abierta y a cable)  y para internet entrando en lo cotidiano, en la casa de la gente. Pero más que controlar a la gente como trata el libro de Orwell,  posibilitó que la gente controlara la vida de los personajes del programa[21]. En España hay una larga tradición de acompañar con lujo de detalles todo lo que pasa en la vida de los famosos, sean actores,  nobleza o modelos, movilizados por la intensa programación televisiva e impresa de la crónica rosa. Más que nada GH estimuló la aparición de famosos creados al vapor, producidos al momento.

 Los modelos no son más los dioses del Olimpo que habló hace case 40 años Edgar Morin (1963). Ellos están en el plano terrestre y, por su simplicidad,  podrían ser los vecinos de al lado o más allá, los famosos de ahora parecen formar parte de un gran circo que aparte de mediático, produce monstruos, estilo la cantante española Tamara y similares. De alguna manera, en España GH posibilitó  la apertura de la Caja de Pandora al hacer posible la emergencia mediática de ese tipo de personajes incubados y fomentados por programas de la misma cadena (Telecinco), como el talk show Crónicas Marcianas.

La década de los 90 se caracteriza por la popularización de este tipo de formatos. Está la experiencia de gente que vende su privacidad por módicos precios, como por ejemplo la casa de cristal en Chile en  principios de 2000. Y desde hace tiempo en internet existen los sites con chicas, chicos y parejas que se graban las veinticuatro horas al día, como puede ser observado en sites españoles. El espacio privado está al alcance de todos en la televisión abierta, incluso en sus aspectos más triviales. Pero, como comentamos anteriormente, eso no es algo nuevo.

 Uno de los programas más interesantes producidos por la norteamericana MTV utilizando la cámara oculta ocurrió en 1992 para realizar producciones que mezclaban la ficción y la realidad. Se trataba de la serie The Real World, basada en una idea de Mary Bunin y Jon Murria. Para esa serie, la vida cotidiana de siete jóvenes fue filmada por cámaras  de televisión cultas en la casa donde vivían. The Real World[22] mostró la vida de los jóvenes  durante seis meses en un hogar sin puertas (excepto la del baño), lo que permitía grabarlos casi las veinticuatro horas del día.

 Como cuenta  Francisco Pastoriza (1997)[23], uno de los responsables del programa  norteamericano lo definía como un estudio del comportamiento humano que tenía como objetivo observar a la gente en su estado natural[24]. Quizá por esta razón, por constituirse en un espejo de la realidad, de nuestro día a día, el formato tenga tanto éxito al punto de que, en Europa, además de Holanda,  fue emitido en Alemania,  Bélgica, España, Polonia, Italia, Inglaterra  y Portugal y en Latinoamérica, ya está siendo emitido en Argentina y Uruguay, siendo previsto para ser emitido también en Brasil[25].

En todos los países, el resultado fue el mismo: altos índices de audiencia y una proliferación de programas semejantes. Ya sea de la matriz holandesa Endemol (El Bus, en España o Encadenados, en Portugal), Expedición Robinson, programa sueco también presentado en España, adaptaciones locales como el catalán (Donen una Pista) o aún Adelgazar, un programa al estilo GH, pero dedicados a los gordos que ha pasado en Alemania[26]. Pero no todos tuvieron el éxito de Gran Hermano. En España, El Bus (emitido por Antena 3) y Expedición Robinson (emitido por Tele 5) en 2000 y 2001[27], no llegaron a convencer el público. Ya Gran Hermano generó una “fiebre” de utilizar objetos, como los collares  o ropas que los participantes utilizaban; músicas, bailes, formas de hablar e vestir, jergas y páginas web (aparte la web oficial) sobre el programa.

Con la posmodernidad, las fronteras entre el espacio público y privado parecen desdibujarse. El investigador español Javier Echeverría (1994) sintetiza este proceso de transformación como un  producto de esta nueva forma de organización social en un nuevo concepto: telépolis. "Telépolis se sustenta en una nueva forma de economía, el telepolismo, que convierte los ámbitos privados en públicos y puede transformar el ocio en trabajo y el consumo en producción"[28]. Con este concepto se vislumbra uno de los lugares en donde podemos observar los cambios que comienzan a marcar las transformaciones de la ciudad: lo público y lo privado.

 A este respecto, distintos autores coinciden en señalar que las fronteras entre espacio público y espacio privado son cada vez más difusas. Lo público irrumpe cada vez con más fuerza en los espacios privados. Esta situación es peligrosa en el momento en que también la privacidad empieza a vivirse como una nueva forma de participación pública[29]. De esta manera la dinámica del hogar -espacio privado por excelencia- se ha modificado. La irrupción de las computadoras en casa (y todas las posibilidades que traen consigo) conjuntamente con la televisión permiten que la información llegue sin tener que salir. Así, aunque podamos observar que hay una creciente tendencia al ensimismamiento de lo privado (estar en casa) en la sociedad moderna[30], no podemos afirmar que se está aislado. Porque el estar en casa ya no significa estar ausente. Es ésta una nueva forma de ver y estar en el mundo (Martín-Barbero, 1996).

La nueva organización social ha roto las fronteras clásicas entre lo privado y lo público. Ahora los medios masivos de comunicación (en particular la televisión) nos permiten hacer todo esto desde la privacidad acogedora del hogar. Encontramos aquí los rastros de una transformación profunda: de la consagración del pueblo ciudadano a la emergencia del pueblo espectador, de la audiencia al target, de la sociedad de masas al ciberespacio. En se tratando del programa que es objeto de este estudio, se puede decir que  Gran Hermano  es un producto global que nos obliga a pensar que en realidad no hay nada nuevo, desde siempre la gente ha buscado mirarse, mirar al otro y también tener el poder de decidir sobre la vida de otros. Es el circo romano posmoderno, en su versión light: llamo, tengo la oportunidad de ganar 500 mil pesetas y además decido quién se va. Y todo esto desde la comodidad del sofá de mi casa.

Desde el punto de vista del que está adentro de la casa -lo privado que se torna público- la vida no vuelve a ser la misma. Los participantes cuando salen, salen convertidos en estrellas de televisión, figuras públicas a las que en gran parte se les exige coherencia con el papel que jugaron adentro en cada capítulo de esa historia seriada(romances, roles de héroes y villanos, final feliz). La realidad se aproxima demasiado a la ficción, con derecho a edición de imágenes, a música de fondo y a guión. O sea, cada vez más los géneros se entremezclan. No queda claro las fronteras entre la realidad y la ficción.

De acuerdo con la investigadora italiana Milly Buonanno (1993), la televisión adquiere cada vez más un interés para el periodismo, de la misma manera las noticias adquieren cada vez más un interés como ficción para la televisión. De esta manera, el “síndrome de realidad” o la “verdad televisiva”, como prefieren algunos especialistas, son expresiones metafóricas que se refieren  al poder con que cuenta la tecnología de los medios, así como con los intereses y estrategias de los vehículos de comunicación para aumentar la audiencia.

¿Vale preguntar entonces dónde están las fronteras entre ficción y realidad? Cada vez más lo particular invade el colectivo y cada vez más la línea tenue entre ficción y realidad cae por tierra, particularmente cuando a los actores profesionales encontramos diariamente gente “común y corriente”, haciendo parte de la “puesta en escena”. Se  puede  decir que el “discurso de la actualidad” ya no es más el mismo.

Como comenta Lilia Ciamberlani (1997: 122-123) ya pasó el tiempo de la visión de la historia como desarrollo lineal, surgida de una idea newtoniana del mundo en donde el espacio y el tiempo eran equivalentes. Si la narrativa fue el modelo para comprender la historia y también el presente, la separación entre ficción y realidad era algo considerado natural. Pero hoy , con la pérdida del sentido narrativo tradicional, “el nexo temporal que organizaba la realidad se diluye y la historia deja así de manifestarse por imágenes que coinciden con la especialización del texto como tal[31].

Hoy en el lenguaje televisivo hay una forma de presentar el discurso de la actualidad que se fue convirtiendo en lo que la autora argentina llama de  imagen real de una realidad ficticia . Según el investigador catalán Doménech Catalá, se puede definir los años 90 como “una época donde el espacio de la casa es sede de lo real[32]. Pero el lenguaje audiovisual, como el periodismo en general, lejos de describir la realidad en sí, la recorta, organiza, edita y ficcionaliza, produciendo una destrucción de la ilusión ficticia. Para Lilia Ciamberlani el juego hecho-ficción también pone en crisis el concepto de verdad[33], algo que no es novedad en el periodismo impreso, pero todavía se discute en el modelo audiovisual.

Como investigadores, no debemos incurrir en el error de otros tiempos, cuando los productos de ficción como las telenovelas o las series fueron desdeñados en cuanto objetos serios de investigación. Más que restringirse a decir que Gran Hermano es un subproducto de la telebasura, debemos aprovechar la oportunidad para comprender a nuestra sociedad a partir de la audiencia, su forma de mirarse y mirar el mundo. 

Referencias Bibliográficas

BARROSO GARCÍA, Jaime (1996). Realización de los Géneros Televisivos. Madrid: Editorial Síntesis.

BUONANNO, Milly (2000). El Drama Televisivo – identidad y contenidos sociales. Barcelona: Gedisa.

CATALÁ DOMÉNECH, Joseph (1993). La Violación de la Mirada. Madrid: Fundesco.

CORTÉS ÁNGEL, José (1999). La Estrategia de la Seducción – la programación en la neotelevisión.  Navarra: Editorial UNAS.

DOWSE, Robert E. y HUGES, John A.(1975). Sociología política. Madrid: Alianza Editorial.

ECHEVARRÍA, Javier (1994), Telépolis. Barcelona: Destino.

ECO, Humberto(1999). La Estrategia de la Ilusión. Barcelona: Lumen.

GINER, Salvador (1979). Sociedad masa: crítica del pensamiento conservador. Madrid: Ediciones Península.

LACALLE, Charo (2001). El Espectador Televisivo. Los programas de entretenimiento. Barcelona: Gedisa.

LOZANO, José Carlos (1996), Teoría e investigación de la comunicación de masas. México: Alambra.

ORTEGA y Gasset (1970). La rebelión de las masas.   Madrid: Espasa Calpe.

MARTÍN-BARBERO, Jesús (1987). De los medios a las mediaciones. Bogotá: Tercer Mundo.

MORIN, Edgar (1963). El Espirito del tiempo. Madrid: Tauro Editorial.

PASTORIZA, Francisco (1997). Perversiones Televisivas. Madrid: IORTV.

PÉREZ, Javier (2000). La Televisión ha Muerto. Barcelona: Gedisa.

QUINTANA, Rebeca y SÁNCHEZ, Andrés (2000). Gran Hermano – el precio de la dignidad.  Madrid: ArdiBeltza.

CIAMBERLANI, Lilia (1997). “Los procesos de hiperreferencialización. Del discurso de la actualidad a los reality showsin VERÓN, Eliseo y ESCUDERO, Lucrecia (comps). Telenovela, Ficción Popular y Mutaciones Culturales. Barcelona: Gedisa.

VILCHES, Lorenzo (1993). La Televisión – los efectos del bien y del mal. Buenos Aires: editorial Paidós.


[1] Término cuñado por  Umberto Eco, en  La Estrategia de la Ilusión. La neotelevisión sería la televisión de nuestros días, funcionando como una televisión-espejo en la que los telespectadores verían reflejada en términos reales la sociedad en la que viven su cotidianeidad; aquella en la que se verían reflejados a sí mismos y a su entorno.

[2] El programa fue pensado por John de Mol, propietario de la empresa Endemol, que también ha emitido otros productos televisivos del mismo género de GH, como El Bus o Encadenados vendidos para televisiones privadas de todo el mundo. Actualmente, De Mol es el principal accionista de Telefónica,  una de las propietarias de la cadena privada Antena 3, que hace competencia a Telecinco.

[3] Este artículo fue escrito en mayo del 2001. Después de esa fecha, en Argentina el programa ya se encuentra en la segunda edición, siendo emitido también en Uruguay por el canal a pago argentino Telefé.

[4] Basta acordarse del éxito de las telenovelas brasileñas desde los 80 que no eran adaptadas, apenas traducidas o los formatos de programas de concursos adaptados a distintos países.

[5] Los realitys shows aparecieron en la neotelevisión a partir de la elección de los aspectos más dramáticos de la realidad cotidiana.

[6] La televisión abierta privada Telecinco lleva 10 años en el aire y pertenece al magnate italiano Berlusconni, que cuenta con cadenas privadas de televisión también en Italia y Alemania. Con Gran Hermano, logró salir do tercero para el según puesto, traspasando su rival Antena 3.  Desde el primer día logró cuotas superiores al 30% del mercado. La media de espectadores fue de 4.159.000 (Pérez, 2000:202), pero llegó a tener 11 millones de espectadores en días de eliminación de los candidatos, superando incluso, el número de espectadores de partidos de fútbol.

[7] Propiedad de Endemol.

[8] En España, las provincias son llamadas  comunidades autónomas y hay cuatro lenguas oficiales: el castellano, el catalán, el gallego y el vasco. Los andaluces también reivindican una lengua, considerada un dialecto – el dialecto andaluz -  para las autoridades españolas. Actualmente hay más de 100 canales de televisión emitiendo diariamente  en las comunidades autónomas.

[9] Telecinco cedió los derechos de emisión a Vía Digital y Quiero TV, con lo cuál ganó 340 millones de pesetas, sin contar los espacios publicitarios, cuyas tarifas se duplicaron  con el programa y llegaron a costar hasta 4,7 millones de pesetas por  20 segundos. También hubo ingresos por la explotación de las líneas telefónicas, la revista oficial, la venta de CD. Otras empresas del sector, también participaron de los beneficios económicos. Vía Digital aumentó en 50 mil el número de abonados y Quiero TV lanzó su plataforma a partir de Gran Hermano. (Lacalle, 2001: 153-157).También el libro 1984, de George Orwell, en sus diferentes ediciones, desapareció  rápidamente de las librerías españolas (Pérez, 2000:204). A ese mix de productos se puede incluir el libro sobre Gran Hermano, una edición que se repitió en la versión local de cada país donde el  programa fue emitido, como Inglaterra, Alemania, Holanda, España y Portugal.

[10] Esa combinación ocurrió apenas en la versión española de BB.

[11] En la segunda edición, el programa continua manteniendo elevados índices de audiencia, una media de  pero la gente ya no habla tanto en las calles sobre GH.

[12] En cada país la duración de los programas varia, de acuerdo con el interés de la cadena.

[13] Traducción del inglés TV Trash. Son programas en que se busca realzar los contenidos de morbo y escándalo usando planos muy cortos, colores muy contrastados, músicas que subrayan el dramatismo de las situaciones, recorriendo tan así a técnicas propias de la ficción, a la cámara lenta, y a los desplazamientos de la cámara sobre los escenarios que invitan el espectador a identificarse con el drama y con los personajes. Sobre este tema, mirar PASTORIZA, Francisco (1997). Perversiones Televisivas. Madrid, IORTV, p. 17 y 18.

[14] En Holanda, durante los cien días  que duró la primera versión, la página web de Big Brother en internet generó 52 millones de visitas llegando a colocarse en la quinta más visitada del mundo. La página web de Big Brother en la primera versión alemana generó una media de 3,5 millones de visitas al día, llegando hasta 5,2 millones (Pérez, 2000). En España, el programa tardó  300 minutos de emisión para alcanzar en cuatro días una cobertura cercana de 70% espectadores, o sea, 27 millones de personas en España miraron el programa en algún momento (Lacalle, 2001).

[15] Citado en  Lozano, 1996: 39.

[16] Giner, 1979: 128.

[17] Dowse, 1975: 338.

[18] "En este sentido la teorización de Ortega debe mucho a la filosofía de la decadencia cultural, a la  literatura truculenta sobre la psicología de las masas y especialmente a los temores expresados por los pensadores conservadores sobre los presentes peligros plateados a las élites culturales y políticas por los movimientos de masa y por las ideologías extremistas" (Giner, 1979: 128-129)

[19]  Información obtenida en el libro de Charo Lacalle ( p. 175).

[20] Nombre del programa en Italia.

[21] A través de la participación interactiva de la audiencia propuesta por la naturaleza del programa.

[22] El éxito del programa fue tan grande que puede ser demostrado por números. En la primera edición hubo 2.000 candidatos  y en la segunda,  realizada en 1994,  25 mil candidatos.

[23] Op. Cit. P.132.

[24] El mismo comentario intentó hacer la presentadora del programa Mercedes Milá en la primera versión española de GH y fue ampliamente rechazado por los medios de comunicación.

[25] En Brasil actualmente hay un grande debate sobre el programa, a partir de su punto de vista legal y ético. La Red Globo compró todos los programas de Endemol, la productora de Big Brother,  pero  su rival, la cadena privada SBT, está emitiendo un programa similar, utilizando otro nombre.

[26] Cuando este artículo fue escrito, el programa estaba siendo anunciado en Alemania.

[27] La segunda edición de Expedición Robinson empezó en octubre de 2001 en Telecinco.

[28] Echevarría, 1994: 11.

[29] Hay severas críticas a este respecto. Ya los funcionalistas apuntan lo que denominan efecto narcotizante de los medios como una disfunción en la que "el exceso de informaciones puede llevar a un repliegue sobre lo privado, a la esfera de las propias experiencias y relaciones sobre la que se puede ejercer un control más adecuado (...) El ciudadano interesado e informado puede sentirse satisfecho por todo lo que sabe sin darse cuenta de que se abstiene de decidir y de actuar (...) Llega a confundir el conocer los problemas diarios con el hacer algo al respecto... " (Wolf, 1985: 75).

[30] Existen algunos trabajos empíricos, sobre todo el de Néstor García Canclini (1993) que revelan el abandono de la esfera pública a favor de la reclusión domiciliaria.

[31] CIAMBERLANI, Lilia (1997). “Los procesos de hiperreferencialización. Del discurso de la actualidad a los reality shows”, in VERÓN, Eliseo y ESCUDERO, Lucrecia (comps)(1997). Telenovela, ficción popular y mutaciones culturales. Barcelona: Gedisa.

[32] CATALÁ DOMÉNECH, Joseph (1993). La Violación de la Mirada. Madrid: Fundesco.

[33] Una discusión bastante antigua en el periodismo y en la filosofía. Sobre ese tema ver autores que trabajan con ética en la comunicación.

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