Cátedra Unesco de Comunicação para o Desenvolvimento Regional

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C A L E N D Á R I O

Carta à redação

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PCLA - Volume 1 - número 3:  abril / maio / junho 2000

 

Proyecto Monarca

 

 Delia Crovi Druetta
(Facultad de Ciencias Políticas y Sociales
Universidad Nacional Autónoma de México / México)

 


Principais links

El entorno

Canadá y México:dos historias diferentes con cambios compartidos

El sector telecomunicaciones

A manera de conclusión

Bibliografia

Notas


VI CONGRESO INTERNACIONAL DE LA ASOCIACION MEXICANA DE ESTUDIOS CANADIENSES – CANADA, UN SALUDO AL MILENIO

ITESM, Campus ciudad de México, 21, 22 y 23 de Septiembre de 1999

Mesa redonda: Cultura y sociedad canadiense, martes 21/9/99; 13.45 horas.

LA INDUSTRIAS AUDIOVISUALES DE MEXICO Y CANADA FRENTE AL TLC:
UN ANALISIS COMPARATIVO

 

Resumen

El presente trabajo tiene como propósito comparar los cambios experimentados por las industrias audiovisuales y las telecomunicaciones de México, con los que se produjeron en Canadá en el mismo sector a partir de la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Para esta confrontación se parte de los resultados obtenidos desde 1994 por el Proyecto Monarca, Desarrollo de las industrias audiovisuales de México y Canadá en el contexto del TLC, en el que intervienen investigadores del área de comunicación de ambos países. La premisa a partir del cual se articulan las comparaciones es que ambos países, a pesar de sus enormes diferencias culturales, en el nivel de desarrollo económico, tecnológico y social, han atravesado por un periodo caracterizado por acciones similares.

 

Foro: "Industrias Culturales y TLC: 5 años después"

Organizan: Fronteras Comunes/ Sociedad General de Escritores de México (Sogem), Comunicados por la Democracia, Red Mexicana de Acción Frente al Libre Comercio (RMLAC).

Fecha: 21 y 22 de octubre de 1999

LAS INDUSTRIAS AUDIOVISUALES DE MEXICO Y CANADA FRENTE AL TLC: UN ANALISIS COMPARATIVO

Proyecto Monarca

Dra. Delia Crovi Druetta

Facultad de Ciencias Políticas y Sociales

Universidad Nacional Autónoma de México

Antecedentes:

Las reflexiones que presentaré a continuación, son el resultado de los trabajos realizados en el Proyecto Monarca, Desarrollo de las Industrias Audiovisuales de México y Canadá en el contexto del Tratado de Libre Comercio de América del Norte. En 1994, al ponerse en marcha el Tratado, un grupo de investigadores del área de la comunicación mexicanos y quebecois, nos dimos a la tarea de realizar un estudio comparativo entre ambos países. Nuestro trabajo consistió en revisar los cambios experimentados por las industrias audiovisuales y las telecomunicaciones a partir del acuerdo comercial, con base en las acciones derivadas de las políticas gubernamentales y del sector privado. Incluimos además, el análisis comparativo de una muestra de los contenidos televisivos, con el propósito de determinar coincidencias o diferencias.

Cabe precisar que los integrantes del Proyecto Monarca hemos mantenido reuniones periódicas. Realizamos varios encuentros internacionales, presentamos ponencias en foros sobre el tema, hemos publicado artículos y dos libros (uno en Canadá y otro en México) con los resultados de nuestro trabajo1. En el mes de junio pasado, tuvimos ocasión de reunirnos en la Universidad de Texas, en Austin, donde incorporamos a académicos de ese país a nuestro grupo de investigación, a fin de contar también con la perspectiva de especialistas del tercer socio comercial, que en un comienzo deliberadamente habíamos omitido.

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El entorno

De las investigaciones realizadas por el Proyecto Monarca en este lapso de tiempo, podemos desprender algunos ejes de análisis comparativo, pero antes de mencionarlos quiero destacar dos aspectos colaterales a los objetivos del estudio, aunque no por ello menos importantes: me refiero al valor que adquiere el registro histórico de los hechos que tienen lugar en un sector tan dinámico como el que analizamos y las acciones que, aún cuando no están explícitamente mencionadas en el TLC, se derivan directamente del mismo.

La construcción histórica del sector audiovisual y de las telecomunicaciones que tuvimos ocasión de realizar a partir del TLC, nos permite afirmar que la comunicación como proceso relacional se ha redimensionado en los últimos tiempos, sobre todo desde que el modelo globalizador se extiende y aplica en todo el mundo, modelo que como sabemos, se legitima y canaliza a través de acuerdos comerciales.

Así, hoy la comunicación no sólo está presente en los discursos de los grandes medios y de las nuevas tecnologías, también forma parte de procesos vitales para nuestra vida como lo son la educación, el trabajo y el tiempo libre. En este sentido, como grupo de trabajo percibimos que la agenda de investigación del sector audiovisual y de las telecomunicaciones no se agota en la acción esos grandes medios o nuevas tecnologías, sino que debe ampliarse para abarcar las esferas que actualmente la comunicación ha alcanzado (los procesos productivos o la construcción del conocimiento, por ejemplo).

Cuando iniciamos nuestro trabajo tendíamos a interpretar al TLC, Nafta o Alena, como un punto de partida o una meta a alcanzar. A más de cinco años de distancia es fácil advertir que este acuerdo comercial es sólo un hito en el camino, que va mucho más allá de la letra aprobada y suscrita por los tres países. En efecto, existen acciones previas al acuerdo, como también las hay a posteriori. Se trata entonces, de un acuerdo que en su letra sólo menciona a los derechos de autor y las telecomunicaciones, pero que de manera paralela construye un escenario en constante movimiento para nuestro campo de estudio.

La historia que se fue tejiendo es la historia no dicha, la que surge al margen de los acuerdos comerciales, como producto de ellos. Y es desde esta perspectiva que toda construcción histórica (aunque sea parcial como la que ha realizado el Proyecto Monarca) adquiere importancia por contribuir a registrar el dinamismo inusitado que han experimentado en los últimos tiempos la industria audiovisual y las telecomunicaciones, sectores que por otra parte, resultan sustantivos en las economías nacionales por el volumen de las transacciones que involucran y por su influencia social.

En cuanto a las acciones colaterales, derivadas del TLC, tenemos por un lado un constante flujo de intercambios que van más allá de esos acuerdos y que poco tienen que ver con lo estrictamente comercial: me refiero a las relaciones interculturales de diversa índole promovidas por la existencia del Tratado aún cuando no formen parte de él2. Por otra parte, sumado a estos intercambios encontramos otros, de índole más personal y privada, que se derivan de la convergencia tecnológica y de una apropiación cada vez más generalizada de las nuevas tecnologías de comunicación. Estos últimos han facilitado la formación de comunidades virtuales, relaciones interculturales que viajan bastante más rápido que las normas establecidas por el propio TLC.

Estos dos aspectos, historia y acciones colaterales, permiten afirmar que si bien el TLC como documento menciona escasamente al sector de la industria audiovisual y de las telecomunicaciones, es indudable que ha repercutido de manera fundamental en su desarrollo, tanto de manera formal como informal.

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Canadá y México: dos historias diferentes con cambios compartidos

Pero, ¿cuáles son entonces, los ejes o ideas centrales que atraviesan los cambios que ha experimentado el sector audiovisual y de las telecomunicaciones en México y Canadá a partir del TLC?

Canadá y México son países con historia, desarrollo económico, tecnológico y cultural diferentes, no obstante en materia audiovisual a partir de los procesos globalizadores han seguido tendencias similares, producto de un proyecto político-económico compartido. Dentro de estas tendencias destacan cinco aspectos: a) los legales; b) la integración de los capitales empresariales; c) el uso de tecnología de punta para actualizar el sector audiovisual; d) descuido de la producción audiovisual local, para favorecer la tendencia mundial a la distribución internacional y globalizada de esas producciones; e) desplazamiento paulatino de los medios masivos (cuya meta es masificar las experiencias) por los llamados self media (que personalizan las experiencias).

a) Respecto a la legislación, tenemos que en el sector audiovisual y de las telecomunicaciones de ambos países se ha experimentado un proceso de desregulación, entendiendo a este fenómeno como el cambio en las leyes vigentes para permitir la libertad de mercados, que en el caso de México llevó a la privatización de algunas empresas que permanecían en manos del Estado3. El nuevo contexto legal abrió las puertas al libre juego de mercado, a las producciones culturales internacionales (sobre todo a las de Estados Unidos) y de manera especial, a la inversión extranjera.

b) La integración de capitales empresariales se ha caracterizado por las fusiones o inversiones de compañías trasnacionales de medios, con el propósito ulterior de ganar territorios y con ellos incrementar audiencias consumidoras. Esta tendencia, sin embargo, se dio más en empresas de los Estados Unidos de Norteamérica, ya que México y Canadá hasta ahora han ido quedando al margen de la disputa por los territorios, tanto entre sí como hacia Estados Unidos. Es más, el intercambio de material audiovisual y de capitales en este sector puede ser caracterizado como débil (apenas a últimas fechas ha aumentado la compra de programación canadiense por parte de las televisoras culturales mexicanas, aunque de manera limitada).

c) En ambos países (aunque más claramente en el caso de México que posee mayor atraso relativo en este rubro) el sector audiovisual y también el de telecomunicaciones, han incorporado tecnología de punta para lograr una actualización del sector y con ello dar respuesta a las nuevas formas productivas, de educación y tiempo libre, que las incorporan a sus procesos.

d) Aunque regresaremos más adelante sobre esto al hablar de programación, cabe mencionar que la industria audiovisual ha puesto su acento en la distribución de materiales, con el consiguiente detrimento de las producciones locales. La mayor oferta de canales de televisión ha llevado a una nueva forma de organización en la distribución de los materiales que trae como consecuencia no sólo la repetición de programas, sino también la repetición de las programaciones a nivel mundial. Dicho en otros términos, esta nueva organización de la producción es la causa de que las ofertas televisivas sean casi idénticas en todo el planeta y que tengamos que ver hasta el cansancio los mismos programas.

e) En cuanto al último punto, reemplazo paulatino de los medios masivos de comunicación por los llamados self media, es también un proceso en el que Canadá lleva la delantera respecto a México, sin embargo, la propia organización globalizada del trabajo, así como las crecientes inversiones de capitales trasnacionales, conllevan la actualización tecnológica de los sistemas productivos, tema que está íntimamente ligado a los self media y también, a al redimensionamiento de la función relacional de la comunicación que mencionábamos al principio.

No quiero dejar de mencionar, aunque de manera muy escueta, a los contenidos de la televisión abierta de ambos países, que fueron analizados en el mismo periodo y a partir de la aplicación de categorías idénticas, acordadas por quienes participamos en el estudio.

Encontramos coincidencias, pero también hubo diferencias. Si bien en este espacio no es posible mencionarlas a todas, vale la pena destacar algunas. Por ejemplo, pudimos comprobar que la televisión abierta de Canadá destina un mayor número de horas a la información, mientras que México lo hace al entretenimiento. Comprobamos también que durante el periodo estudiado los programadores de los dos países prefirieron ocupar los horarios de mayor audiencia con programas de entretenimiento. Vimos con asombro que en ambas naciones el tiempo destinado a programas de TV educativos, es escaso.

Sin embargo estos hallazgos, aunque interesantes, resultan parciales. En cambio una lectura global del estudio nos permitió advertir que tanto en Canadá como en México, el público prefiere ver las producciones locales, preferencia que contrasta con resultados de estudios anteriores y con la tendencia mundial de favorecer la distribución, que facilita la entrada de producciones extranjeras. Asimismo, pudimos percibir que los análisis tradicionales de contenidos televisivos, realizados con aplicación de categorías por género, medición de horarios, ratings y rankings, resultan insuficientes para conocer más a fondo las preferencias de las audiencias en materia televisiva, por lo que es necesario diseñar estudios mucho más complejos y también más costosos, que acudan simultáneamente al uso de instrumentos cuantitativos y cualitativos.

Cabe agregar, por último, que en la muestra analizada aparecieron muy pocos programas de Canadá en la TV de México y viceversa, aunque en ambos casos se programa un buen número de horas de la televisión producida en Estados Unidos, socio principal del TLC, tendencia que sin duda es necesario revertir.

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El sector telecomunicaciones

No es fácil comparar en dos países de desarrollo desigual como lo son México y Canadá, un sector de enorme dinamismo como lo es el de las telecomunicaciones, asentado no sólo en grandes inversiones de capital, sino en el constante desarrollo tecnológico. No obstante, hay puntos de encuentro, por ejemplo se puede percibir que ambas naciones han manifestado dificultad para establecer una política global coherente en materia de telecomunicaciones que facilite la interconexión de redes y que permita compartir necesidades, obligaciones y responsabilidades entre el gobierno central o federal y los estados o provincias4.

Durante las décadas de los 70 y 80, ambos países dieron mayor énfasis a la radiodifusión que a las telecomunicaciones. Sin embargo, en los 90, años en los que tiene lugar la liberalización de las comunicaciones a distancia, este sector pasa a tener un lugar estratégico. Prueba de ello es la Ley de Telecomunicaciones que en Canadá se emite en 1993 y en México en 1995. En ambos son las exigencias del mercado y desde luego a los lineamientos generales del TLC, las causas que justifican y apresuran la aprobación de estas leyes.

Pero ambos países concretan esos cambios en la legislación con dificultades: Canadá tuvo que superar las diferencias existentes acerca de algunas portadoras públicas bajo jurisdicción de las provincias; en tanto en que México se notó la ausencia de una falta de visión sobre la importancia de lograr un desarrollo equilibrado en todo el país que facilitara su inserción mundial. O dicho en otros términos, mientras en Canadá son las provincias quienes participan para lograr una política de telecomunicaciones nacional que no sólo las favorezca sino que respete sus logros y necesidades; en México el excesivo centralismo dificulta la identificación de las necesidades reales que existen al interior del país y sus posibles soluciones en materia de telecomunicaciones.

Además, a pesar de compartir su preocupación por actualizar su ley de telecomunicaciones, ambos países tienen una realidad diferente en este sector: mientras Canadá posee uno de los sistemas más avanzados del mundo en la materia, las telecomunicaciones de México comienzan a desarrollarse en la década de los 90 (con la privatización de Telmex, hasta entonces monopolio de la telefonía), a partir de una infraestructura pobre.

Vale la pena recordar que tanto en México como en Canadá la telefonía había sido un monopolio durante buena parte de este siglo, esto debido a que en ambos países las redes eran consideradas como un servicio público. Sin embargo, mientras el servicio canadiense operaba como un departamento de Estado, en México constituía una paraestatal, o sea, una empresa dependiente del gobierno (Gómez Mont, 1996)

En términos del desarrollo de las telecomunicaciones en ambos países, vemos diferencias porque mientras en México dominó el centralismo, en Canadá se dio en medio de luchas por los intereses de las jurisdicciones federales y de las provincias. Esto ha dado como resultado que mientras en Canadá existe un mejor equilibrio en la disponibilidad de los servicios e infraestructura de telecomunicaciones, en México en términos generales los pequeños poblados están desatendidos, ubicándose el crecimiento en los polos de desarrollo tradicionales.

Como producto de las nuevas formas productivas derivadas del uso de las innovaciones tecnológicas, pero sobre todo, derivadas de los procesos globalizadores, el sector telecomunicaciones pasó a tener gran valor estratégico y siguiendo las premisas del modelo político-económico vigente, ambos gobiernos se retiran, como ya se dijo, de la inversión financiera.

En resumen tenemos que Canadá y México, a pesar de una historia diferente en materia de telecomunicaciones; de una infraestructura y disponibilidad tecnológica desigual e incluso, de una organización política contrapuesta (el centralismo mexicano, frente a la relativa independencia que opera en las provincias canadienses), viven un proceso similar que los lleva a contar con una nueva legislación que sustenta la liberalización de las telecomunicaciones. Este proceso contribuye a desplazar las ideas de soberanía, identidad y unidad nacional que orientaban las acciones gubernamentales de los 80, por las de innovación tecnológica, modernización y competitividad, signos de la década que estamos concluyendo.

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A manera de conclusión

Quisiera referirme en la parte final de estas reflexiones, a un tema del cual se ha hablado bastante, sobre todo en Canadá: la pertinencia o no de dejar fuera de la letra del TLC a las industrias audiovisuales, cosa que como vimos no ocurrió con las telecomunicaciones.

Esto, desde mi perspectiva, acepta dos lecturas: la primera indica que se quiso poner a salvo de los embates del mercado a las producciones culturales aislándolas de los lineamientos comerciales del TLC; la segunda en cambio apunta a que la falta de una normatividad clara respecto a lo cultural, en lugar de preservarlo lo colocó en el centro mismo del huracán del libre mercado.

Aunque fue la primera lectura sobre la que se hizo más énfasis, más de cinco años conviviendo con el TLC nos indican que es la segunda la que está reflejada en la realidad. Como ha ocurrido en tantas otras situaciones, los negociadores del acuerdo comercial de América del Norte cometieron, desde mi perspectiva, el doble error de considerar que la tecnología nada tiene que ver con la ideología, la identidad y la repercusión social, a la vez de concebir a los medios masivos de comunicación (sujetos principales de las industrias audiovisuales) fuera de la producción cultural.

El futuro y también el presente, es de los contenidos. Y cuando hablo de contenidos no me refiero sólo a los de la televisión abierta o de paga , al DTH o al cine, hago alusión al término contenido en un sentido mucho más amplio: la información, los datos, los servicios que transitan por las redes.

Muchas veces se ha mencionado la necesidad de revisar el TLC, si esto llega a suceder, será importante tanto para México como para Canadá defender a esos contenidos con sentido amplio, porque de ellos dependen no sólo parte las producciones culturales, sino también los servicios de carácter social que pueden prestar los nuevos y viejos instrumentos tecnológicos.

Como decía al principio, construir la historia de este proceso de cambio que estamos viviendo a partir del TLC, así como valorar y aprovechar la sinergia que poseen las acciones paralelas a los acuerdos, son procesos fundamentales que debemos asumir para entender y preservar la nueva dimensión de la comunicación, instalada ya en la vida cotidiana de todos nosotros.

México, septiembre de 1999.

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BIBLIOGRAFIA:

. Crovi Druetta, Delia María, coordinadora, Desarrollo de las industrias audiovisuales de México y Canadá. Proyecto Monarca, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM, México, 1996.

. Finquelievich, Susana y Ester Schiavo, La ciudad y sus TICs. Tecnologías de información y comunicación, Universidad Nacional de Quilmes, Argentina, 1998.

. Jalfen, Luis, Globalización y lógica virtual, Ed. Corregidor, Buenos Aires, Argentina, 1998.

. Marques de Melo, José y Rosa María Nava, Comunicacao nas Américas: o diálogo Sul-Norte, XX Intercom, Leopoldianuml, Universidad Católica de Santos, Brasil, 1998.

. Tremblay, Gaëtan y Jean-Guy Lacroix, directores, Le Projet Monarque. Étude comparée des industries québécoises et mexicaines de l’audiovisuel, Gricis, Université du Québec á Montréal, Canadá, 1995.

. Virilio, Paul, La velocidad de liberación, Ed. Manantial, Buenos Aires, Argentina, 1997.

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Notas

1 El Proyecto Monarca, que recibe su nombre por la mariposa monarca que vuela cada año entre 3.000 y 4.000 kilómetros desde Québec a México, para regresar nuevamente a esa zona canadiense, ha publicado dos libros: La projet monarque. Étude comparée des industries québécoises et mexicaines de l’audiovisuel, bajo la dirección de Gäetan Tremblay y Jean-Guy Lacroix, editado por la Université de Québec en Montreal, 1995 y Desarrollo de las Industrias audiovisuales en México y Canadá, coordinado por Delia Crovi Druetta, editado por la Universidad Nacional Autónoma de México, 1996.

2 Me refiero a la gran cantidad de actividades desarrolladas en el plano artístico y cultural, tales como exposiciones, espectáculos, muestras, congresos, foros, seminarios, intercambios académicos de maestros y alumnos, entre otros, que si bien en ningún momento están considerados en la letra de los acuerdos, han sido promovidos indirectamente por ellos, como si realizaran una suerte de promoción de las relaciones entre Canadá y México.

3 Para ampliar el tema de la legislación, ver los trabajos de la Dra. María de la Luz Casas Pérez y del Dr. Jean Guy Lacroix en las publicaciones del Proyecto Monarca ya mencionadas.

4 Carmen Gómez Mont y Kevin Wilson, fueron los encargados de analizar el tema de las telecomunicaciones. Algunas de las ideas expresadas en este trabajo fueron tomadas de las reflexiones de estos investigadores. En las publicaciones del Proyecto Monarca ya citadas puede ampliarse el tema consultando sus artículos.

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