Cátedra Unesco de Comunicação para o Desenvolvimento Regional

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Carta à redação

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PCLA - Volume 1 - número 2:  janeiro / fevereiro / março 2000

 

JOSÉ TORIBIO MEDINA Y LA IMPRENTA EN AMERICA LATINA: NOTAS PARA UN ESTUDIO BIO-BIBLIOGRÁFICO

 

Javier Piñeiro Fernández
Profesor de Historia del Periodismo en la Facultad de Ciencias
de la Comunicación - Universidad Diego Portales, Santiago, Chile

 

Principais Links

Introducción

Medina y su tiempo

Medina y su obra

Medina y la imprenta

Bibliografía básica


INTRODUCCIÓN

¿Contribuyó, realmente, la imprenta a la cimentación y desenvolvimiento de una cultura en América? ¿Para qué sirvió la imprenta americana?

"La primera imprenta que llegó a América lo hizo en 1536, a México. La primera edición es de 1537 y correspondió a La Escala Espiritual para llegar al cielo, de San Juan Clímaco, obra de la que no se conoce ningún ejemplar.

Las primeras publicaciones, antecedentes remotos del periodismo, fueron las llamadas "relaciones", "nuevas", "noticias" y "sucesos". La calidad de los primeros impresos mexicanos es descollante, y fueron escritos en letra gótica, romana y cursiva, a dos tintas". (1)

¿Qué relación existió entre José Toribio Medina y la historia de la imprenta en América?. ¿Se le puede considerar un "protoinvestigador de la comunicación"? La respuesta es difícil , considerando que Medina se preocupó fundamentalmente de la labor histórica, pero su interés temático es tan amplio y variado, que su erudición y curiosidad intelectual nos há entregado valiosas pistas para iniciar una historia de la comunicación no sólo en Chile, sino en América Latina.

Medina se inscribe en la línea de la tradición historiográfica clásica de Chile, la que se caracteriza por la narración y la crítica filológica como método histórico, el positivismo como concepción científica y el liberalismo como posición ideológica. Los libros de Medina que han significado aportes más importantes para la historiografía han sido los relacionados con los aborígenes, los viajes de descubrimiento, la educación pública y la cultura, la imprenta y la bibliografía, algunos de los cuales comprenden varios tomos. En total, su obra comprende más de cuatrocientos títulos, incluyendo libros, folletos, artículos, prólogos y recopilaciones documentales. Según el historiador chileno Sergio Villalobos Rivera "la admiración por Medina es mayor aún cuando se piensa en las obras que dedicó a la historia de América, que dan un carácter continental a su labor. Casi no hay tema del pasado colonial americano que pueda ser abordado sin recurrir a alguno de sus trabajos. Esta dimensión de la obra de Medina le constituye en el erudito más notable del continente". (2)

¿Y la imprenta?

La actividad intelectual americana durante la colonia dejó la huella de su carácter y su evolución en las páginas salidas de las rudimentarias prensas de la época. Aquella enorme variedad de libros, folletos, periódicos e incluso tarjetas de invitación, forman un verdadero índice del estado de la cultura en las diferentes etapas de la colonia. Pues bien, gran parte de esos títulos fueron catalogados, descritos y analizados por Medina en sus diversas obras acerca de la imprenta en América, a través de las cuales se puede conocer el panorama de la literatura y la cultura de los dominios españoles y fijar en cada momento el estado de la sociedad, sus inquietudes y necesidades espirituales.

Para muchos de los estudiosos del coloniaje español en América, la época virreinal no tiene sino una monótona tonalidad gris. Esta afirmación la realizan basados en las publicaciones coloniales, la mayoría de las cuales debían pasar una doble censura, civil y eclesiástica, lo que limitaba los posibles temas divulgables por la imprenta. Es decir, se tiene acceso al aspecto oficial de esa historia. Aun considerando esta limitación, se hace necesario analizar minuciosamente los documentos de los cuales disponemos, en orden a realizar una crítica interna y externa de esos documentos, ayudándonos de herramientas iconográficas, filológicas e incluso consuetudinarias, tomando en cuenta el valor de la tradición oral en nuestras culturas aborígenes.

En relación a lo realizado por Medina en sus obras sobre la imprenta, la sola enumeración de los títulos que tales obras recopilan demuestra que las prensas coloniales tuvieron una labor fundamentalmente política, cortesana y eclesiástica. Sólo a fines del siglo XVIII, mediante la extensión de talleres de imprenta a ciudades de segundo orden y la relativa libertad consiguiente a la expulsión de los jesuitas, la imprenta comienza a ser un vehículo menos oficial, más propio y cotidiano. (3)

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MEDINA Y SU TIEMPO

Medina nace en Santiago de Chile el 21 de octubre de 1852. Sus padres fueron el magistrado José del Pilar Medina, quien realizó una carrera en el poder judicial, lo cual lo llevó a diferentes puntos del país, razón por la cual su hijo estudió en forma esporádica y discontinua en Talca, Valparaíso y Santiago. Su madre, Mariana Zavala, era de ascendencia vasca y se caracterizó por su capacidad de trabajo y orden, cualidades que heredó su hijo.

¿Cómo era Chile a mediados del siglo XIX?

Un país que se encontraba organizado política e institucionalmente. La Constitución de 1833 regía los destinos del país, y durante treinta años (1831-1861) se sucedieron gobiernos conservadores. La fiebre del oro de California y Australia estimularon la economía del país, a través de la exportación de trigo y maíz, y de la consolidación del puerto de Valparaíso como el principal del Pacífico, situación que ostentó hasta la construcción del canal de Panamá.

El Estado tuvo un papel preponderante en el fomento de la enseñanza, acorde con las ideas ilustradas de la época. Se crearon escuelas de primeras letras, escuelas prácticas de agricultura y de minería, escuelas de preceptores y preceptoras, escuelas de música y escultura, la Escuela de Artes y Oficios, de pintura y escultura, el Observatorio Astronómico, etc. Pero sin duda el más significativo esfuerzo fue la creación de la Universidad de Chile (1843), tarea encomendada al venezolano Andrés Bello, quien fue nombrado su primer rector, y que significó un enorme estímulo en los años siguientes para la investigación y docencia.

El desarrollo cultural de la época estuvo caracterizado por el surgimiento de la Generación de 1842, consistente en un gran florecimiento de la literatura nacional. Contribuyeron a esta situación la reacción de los jóvenes intelectuales chilenos a la llegada de intelectuales extranjeros, entre los que destacaron Domingo Faustino Sarmiento, Juan Bautista Alberdi, Bartolomé Mitre y Andrés Bello; la influencia del romanticismo europeo y el impulso que la cultura y la educación tuvieron por parte del Estado. Esta generación se nucleaba en torno a "La Sociedad Literaria", fundada por José Victorino Lastarria y entre sus integrantes se encontraban Eusebio Lillo, José Joaquín Vallejo (Jotabeche) y Salvador Sanfuentes. El florecimiento cultural de la década del cuarenta fomentó el librepensar y contribuyó, junto con otros factores, al clima de antiautoritarismo que desembocó en las revoluciones liberales de 1851 y 1859, las que sin embargo no tuvieron éxito.

En este ambiente, Medina finalizó sus estudios secundarios en el Instituto Nacional de Santiago y posteriormente estudió Derecho en la Universidad de Chile, recibiéndose en 1873.

A partir de los 21 años se encuentra registro de sus primeras obras, consistentes en traducciones de poemas, artículos de entomología y críticas literarias. A partir de 1875 inicia sus viajes al extranjero, los que no se detendrán hasta el final de sus días. Viaja a Lima como secretario de la Legación chilena y traba amistad con el director de la Biblioteca nacional, Francisco de Paula Rodríguez Vigil, quien junto a otros intelectuales le despertó la pasión por la investigación, lo que marcaría la ruta de su futuro profesional.

Medina no se sintió muy a gusto con el trabajo diplomático y presentó su renuncia al cargo, iniciando viajes aEstados Unidos y luego a Inglaterra y Francia, conociendo numerosos investigadores y además encontrando valiosos documentos de la historia colonial americana. Sus trabajos fueron interrumpidos por la Guerra del pacífico, que enfrentó a Chile con la Confederación Perú-Boliviana entre 1879 y 1883. Medina sirvió como auditor de guerra durante el conflicto. Tras la guerra, reingresó al servicio diplomático y se trasladó a Madrid como secretario de la Legación, cargo al que prestó una atención sólo protocolar, pues se dedicó con ahínco a la investigación en los Archivos de Indias y el Notarial de Sevilla, el de Simancas, el de la Academia de la Historia, el del Ministerio de la Guerra, el del Depósito Hidrográfico, el del Escorial, la Biblioteca Nacional del Madrid y las bibliotecas particulares del duque de T’Serclaes de Tilly y del marqués de Jerez de los Caballeros. Para tal labor, el gobierno chileno le entregó una cantidad de dinero para comprar o copiar documentos. Com asiento en Madrid, también se internó en los archivos y bibliotecas de Viena, Berlín, Bruselas y Londres.

En 1866 regresó a Chile, donde contrajo matrimonio con Mercedes Ibáñez Rondizzoni, quien se convertiría en una ejemplar secretaria. Al año siguiente inicia la publicación de los documentos recogidos en su periplo europeo, y en 1888 compra una pequeña imprenta, de la cual saldrán más de ciento ochenta y cinco obras. Una de las primeras obras que salió de su imprenta fue, precisamente, la Bibliografía de la imprenta en Chile, en cuya elaboración se inició el interés del autor por este tema, dándolo un carácter continental al publicar obras relacionadas con la imprenta en Lima, Ecuador, el Río de la Plata y las Filipinas.

En 1891 Chile se enfrenta en una guerra civil. Medina se mantiene fiel a la causa del Presidente Balmaceda, quien es derrotado y luego se suicida. Tras el conflicto, Medina fue varias veces allanado e incomodado, por lo que decidió partir nuevamente al extranjero, específicamente a Buenos Aires, donde dio a conocer su obra Bibliografía de la imprenta en el Río de la Plata, impresa en los talleres del Museo de La Plata.

Luego viajó a España y regresó a Chile en 1895, donde permaneció hasta 1902, publicando cincuenta y cinco obras, todas realizadas en su imprenta. Debe destacarse la monumental obra que significó la publicación de la Colección de Documentos Inéditos para la historia de Chile y la Colección de Historiadores de Chile, obras que por su envergadura contaron con el financiamiento del gobierno y de la Universidad de Chile, a la que ingresó en 1897 como Miembro Académico de la facultad de Filosofía y Humanidades.

En 1902 inicia otro viaje más, en busca de nuevos materiales para sus obras, especialmente para la imprenta en América, obra que le deparó enormes esfuerzos y satisfacciones. Pasa por Lima, Bogotá, Guatemala, México, París, Turín, el Vaticano, Suiza y finalmente España; regresando dos años después a Chile, "trayendo de su viaje más de ocho mil carillas de apuntes bibliográficos y cerca de diez mil impresos raros". (4)

Posteriormente Medina realizó otros viajes en 1912 y 1928, de los cuales volvía invariablemente cargado de manuscritos que enriquecían el acervo cultural americano, mas no su fortuna, pues la publicación de las obras no le reportaba beneficio económico alguno, pues los libros eran costosos y de corto tiraje. Vivía de unas modestas rentas, e incluso llegó a la situación extrema de vender su propia imprenta. Su biblioteca constaba de más de treinta mil ejemplares, y a pesar de sus estrecheces, jamás la vendió, a pesar de tentadoras ofertas, como la realizada por la Universidad de Harvard en 1907. Sin embargo, el deseo de Medina era donar su tesoro bibliográfico al Estado chileno, para que así todo el país tuviera acceso a los valiosos documentos que había recogido a lo largo de su vida. A partir de 1912, luego de extender su testamento, se inició el traslado de sus obras a una sala especial de la Biblioteca Nacional (que hoy lleva su nombre). Finalmente, el 11 de diciembre de 1930, falleció en Santiago, a los 78 años.

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MEDINA Y SU OBRA

"En sus diversos trabajos Medina llevó la erudición hasta las minucias más pequeñas, prestando a la historiografía un gran servicio. Pero el notable investigador carecía de vuelo y de intención para interpretar la historia, conformándose con ser un acumulador de datos y expositor llano. Creía que con ese método aseguraba una larga vida a sus obras, porque pensaba que las interpretaciones estaban condenadas a desaparecer rápidamente por su carácter subjetivo.

El documento terminó por aplastar a Medina y encerrarlo en la erudición por la erudición. Muchas veces el que revisa sus densas páginas se pregunta si tenía sentido desentrañar las cosas más triviales; aunque se termina por comprender que aquella era una erudición al servicio de la concepción histórica del siglo pasado. En todo caso, el que recurre a sus libros no puede dejar de sentirse abrumado por su saber". (5)

La obra de Medina, por el carácter de las materias que ella comprende y por estar escritas no con pretensiones literarias, sino con el propósito de informar "científicamente", es de difícil acceso para el lector común. Está destinada a los estudiosos, eruditos e investigadores, quienes actúan como mediadores entra la labor de Medina y los trabajos que llegan al público. Cualquier obra que intente bucear la historia colonial americana, deberá, ineludiblemente, recurrir a las bibliografías, notas, datos curiosos y otros manuscritos recogidos y apuntados por Medina.

Como hemos señalado anteriormente, detrás de la labor de Medina se mostraban las directrices que caracterizaban la labor de los investigadores chilenos de su época; a saber, una historia narrativa, generosa en datos y escasa en interpretaciones y con una visión política liberal, por lo que la historia colonial es vista muchas veces como el largo camino de los pueblos americanos en busca de su libertad. Medina no escapa a esta visión, y su mérito mayor reside precisamente en la acumulación de información y la variedad de los temas tratados, haciendo gala de una erudición muy pocas veces igualado. Pues no sólo se dedicó a la historia, sino que también investigó en áreas tales como la numismática, etnografía, paleografía, crítica literaria, arqueología, geografía, derecho, lingüística y entomología. Además, casi no hay país americano que no esté representado directa o indirectamente en alguno de sus trabajos.

Sus obras, no obstante, no son analíticas, no hay juicio histórico tras ellas, sino la exposición llana de los diferentes temas tratados. Esto último también debe entenderse en el sentido que Medina, en sus numerosos viajes y recopilaciones, no disponía del tiempo necesario que hace falta a la reflexión histórica, por lo que su opción metodológica se circunscribió a la recopilación y exposición, y en ocasiones al análisis somero de alguno de los temas, especialmente sus biografías.

Otro mérito reside en que la numerosa información reunida por él há sido la base de posteriores estudios monográficos y de carácter general que se han realizado en los más variados ámbitos del saber, lo que há otorgado un corpus documental de invaluable riqueza. Queda, pues, la tarea de investigar a fondo los numerosos aspectos de su obra, incluso algunos temas poco trabajados, como el valor de la imprenta dentro de lo que pueda considerarse en una historia de la comunicación en América Latina.

¿Cómo conocer la inmensidad de su obra?. No es exagero decir que requeriría muchos años dedicar tiempo y esfuerzo para analizar cada una de sus obras, por lo que se hace necesario la especialización. Por tal motivo, su obra se ha catalogado temáticamente, con el fin de facilitar el trabajo a los investigadores y estudiosos. De ese modo, sus más de cuatrocientas publicaciones se han agrupado en los siguientes temas:

1.- Crítica literaria.

2.- Historia natural.

3.- Traducciones.

4.- Biografías.

5.- Folklore.

6.- Recopilaciones documentales.

7.- Historia.

7.1.- Social.

7.2.- De la cultura.

7.3.- Literaria.

7.4.- De la Geografía.

7.5.- Crítica histórica.

8.- Geografía y Cartografía.

9.- Etnología, Antropología y Etnografía.

10.- Viajes y relaciones de viajeros.

11.- Bibliografía e Historia de la Imprenta en América y Oceanía.

12.- Paleografía.

13.- Recopilaciones literarias.

14.- Numismática americana.

15.- Lenguas aborígenes americanas.

16.- Discursos académicos.

17.- Lexicografía.

18.- Ensayos varios.

19.- Autobiografía.

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MEDINA Y LA IMPRENTA

Presentación

Uno de los grandes fenómenos culturales que vivió Europa entre los siglos XVI y XVIII fue la transferencia de las fuentes y de los medios de divulgación desde las imágenes y la tradición oral a la palabra escrita. La imprenta, como fuente y vehículo de la cultura, se impuso poco a poco en el viejo mundo, porque los procesos mecánicos de reproducción de fuentes escritas y la alfabetización fueron lentos.

En España la primera publicación registrada data de 1475, dos años antes de que Isabel de Castilla autorizara oficialmente la importación de prensas. Luego, la profusión de impresos obligó a la promulgación, en 1502, de una pragmática que regulara el uso de la imprenta, exigiendo la previa aprobación de las autoridades civiles y eclesiásticas. La posterior reforma luterana puso en estado de alerta a la Europa católica, que decidió, a través de la Inquisición, intervenir y controlar todo tipo de publicaciones. Por lo tanto, en América el control de los medios de expresión fue considerada materia de la máxima importancia, por lo tanto la imprenta fue puesta al servicio de dos grandes propósitos, uno político y outro cultural.

Para afianzar el aparato administrativo a medida que la burocracia se iba haciendo más compleja, se hizo necesario contar con un instrumento adecuado de difusión de documentos oficiales para lograr un más rápido conocimiento y cumplimiento de las leyes. Y en segundo lugar, la imprenta sirvió para una más eficaz transmisión de los valores que sustentaban a la monarquía española, católica e imperial, convirtiéndose en mecanismo de dominación cultural e ideológica.

En Hispanoamérica el proceso de transferencia de las fuentes y de los medios de divulgación desde las imágenes y la tradición oral a la palabra escrita fue más lento que en Europa, y en el caso específico de Chile se da muy pausadamente en los siglos XVII y XVIII, se acelera debido a la alfabetización durante el siglo XIX y desemboca a fines de esa centuria y a comienzos del XX en la formación de un nuevo público de clase media, lector de periódicos y de libros editados en el país.

Lo que se observa en el período colonial chileno es la paulatina introducción de los libros como fuente de cultura en el seno de una élite social e intelectual, la que al momento de la independencia va a encontrar en ellos un verdadero manantial de cultura.

Los intentos, fallidos en un principio, por introducir una imprenta en Chile a fines del siglo XVIII son sintomáticos de la importancia de lapalabra escrita. (6)

Aportes de Medina a la historia de la imprenta en América y Chile

Ya hemos señalado que la actividad intelectual americana durante la colonia dejó su huella y evolución en las páginas salidas de las prensas de la época. A través de ellas podemos conocer el panorama cultural y el estado de la sociedad. Así, por ejemplo, se han distinguido tres períodos en la producción literaria, que corresponde a otros tantos momentos de la evolución social. En el primer período, inmediato a la conquista (segunda mitad del siglo XVI) abundan las gramáticas y vocabularios de lenguas aborígenes, como que eran éstos los elementos necesarios para entenderse con los naturales y conquistar sus almas para la iglesia católica. Ya afianzada la dominación, la paz de las nuevas colonias permite entregarse a la meditación, y de los conventos salen las grandes crónicas de las órdenes religiosas, las vidas de santos, breviarios, etc. Por último, aparecen las relaciones de fiestas oficiales o académicas y las severas obras teológicas del siglo XVIII. (7)

En Chile los primeros impresos en circulación fueron series de naipes hasta que la autoridad puso fin a esta práctica en 1698. En 1747 arribaron al país una cantidad apreciable de hermanos coadjutores jesuitas provenientes del sur de Alemania. Dirigidos por el padre Carlos Haimbhausen, se instalaron en la hacienda de Calera de Tango, desarrollando una enorme labor industrial y cultural. El padre Haimbhausen traía con él todos los utensilios necesarios para imprimir (prensa, papel, operarios), pero no existe constancia de que llegara a poner en marcha una imprenta.

El que se considera primer impreso chileno corresponde al Modo de ganar el Jubileo, del cual se desconoce la circunstancia de su edición, que data de 1776. Siguieron cinco reglamentos internos de la Recolección Dominicana, todos de 1783. En 1787 aparece otra imprenta, también de pequeña capacidad pero de tipos más modernos, de la que salieron sólo algunas esquelas. Tras la expulsión de los jesuitas en 1767, sus materiales pasaron a la Universidad de San Felipe y allí trabajó el impresor José Camilo Gallardo hasta que dejó de funcionar en 1802. En 1810, siendo gobernador Mateo de Toro y Zambrano, Juan Egaña presentó un "Plan de Gobierno" en el que se hacía constar la conveniencia de costear una imprenta "(...) para uniformar la opinión pública a los principios del gobierno". La Junta de Gobierno de 1810 intentó sin éxito traer una desde Buenos Aires.

Finalmente, en 1811, José Miguel Carrera logra conseguir una, gracias a los esfuerzos del comerciante sueco Arnoldo Hoevel, quien la trae desde Nueva York en noviembre de ese año. Hoevel vendió la imprenta al gobierno en 8.000 pesos, y en enero de 1812 se imprimió La Aurora de Chile, el primer periódico chileno. (8)

Con la fundación de La Aurora de Chile, la cultura escrita en el país entra en una etapa marcada por el auge de las publicaciones periódicas de los más diversos temas, la ampliación geográfica de la cobertura y del público lector.

La imprenta, en consecuencia, podía ser utilizado como vehículo de dominación o concientización, dependiendo del uso que se le diera. En el primer caso, figuran los documentos oficiales y doctrinarios que seguían los dictámenes enviados desde España.

En el segundo, especialmente a partir del siglo XVIII, se daban a conocer las nuevas ideas ilustradas, fundamentalmente a través de los periódicos coloniales. Las ideas de la ilustración entran en América, llegando a través del comercio, los libros y los hijos de los criollos ricos que regresaban de sus estudios en Europa. También existían algunas publicaciones en América que alentaban e impulsaban las nuevas ideas, como La Gaceta de Lima, El Telégrafo Mercantil del Río de la Plata y El Mercurio de México, entre otras.

¿Cómo se ha llegado a estas conclusiones?.

En gran parte, gracias a la labor de Medina. Sus recopilaciones nos han permitido hacernos una idea de la cultura colonial y la evolución que tuvo a lo largo del tiempo, desembocando en el proceso de emancipación de comienzos del siglo XIX.

La Bibliografía e Historia de la Imprenta en América y Oceanía corresponde a uno de los capítulos más interesantes de la obra de Medina. Más de cincuenta títulos suman estas materias, los que abarcan las más variadas regiones geográficas y producciones tipográficas de los dominios españoles o que se refieren a ellos.

Las principales obras que se refieren a la imprenta en América y Oceanía son las siguientes:

- Bibliografía de la imprenta en Santiago de Chile desde sus orígenes hasta febrero de 1817.

- Historia y bibliografía de la imprenta en el antiguo Virreynato del Río de la Plata.

- La imprenta en Manila desde sus orígenes hasta 1810.

- La imprenta en La Habana (1707-1810).

- La imprenta en Cartagena de las indias (1809-1820).

- Notas bibliográficas referentes a las primeras producciones de la imprenta en algunas ciudades de la América española (Ambato, Angostura, Curazao, Guayaquil, Maracaibo, Nueva Orleans, Nueva Valencia, panamá, Popayán, Puerto España, Puerto Rico, Querétaro, Santa marta, Santiago e Cuba, santo Domingo, Tunja y otros lugares). 1754-1823.

- La imprenta en Veracruz (1794-1821).

- La imprenta en Mérida de Yucatán (1813-1821).

- La imprenta en Oaxaca (1720-1820).

- La imprenta en Caracas (1808-1821).

- La imprenta en Bogotá (1739-1821).

- La imprenta en Quito (1760-1818).

- La imprenta en Guadalajara de México (1793-1821).

- La imprenta en Lima (1584-1824), obra de cuatro tomos.

- La imprenta en la Puebla de los Ángeles (1640-1821).

- La imprenta en Guatemala (1660-1821).

- La imprenta en México (1539-1821).

- La imprenta en Arequipa, el Cuzco, Trujillo y otros pueblos del Perú durante las campañas de la independencia (1820-1825).

Otras obras monográficas que complementan las anteriores son las siguientes:

- Nota bibliográfica sobre un libro impreso en Macao en 1590.

- El primer periódico publicado en Filipinas y sus orígenes.

- La imprenta en Manila desde sus orígenes hasta 1810: Adiciones y ampliaciones.

- La primera muestra tipográfica salida de las prensas de la América del Sur: Reimpresión Fotolitográfica, con un breve prólogo.

Esta enorme cantidad y variedad de obras obedece al interés de Medina de reunir las producciones tipográficas de la América Latina desde que en ella se estableció el arte de la imprenta hasta que terminó la dominación española.

Le interesaba conocer lo que salía de las prensas coloniales, pues como buen liberal creía en el poder de las ideas, el que se acrecentaba com su transmisión, discusión y asimilación, primero como internalización del dominio español y luego como expresión de los anhelos que condujeron a la independencia americana.

A través de la imprenta, se podía crear y transmitir cultura, se podía crear o deshacer cosmovisiones; en fin, se podía decir, con el poeta:

Incipit vita nuova (empieza la "vida nueva", Dante Alighieri).

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BIBLIOGRAFÍA BÁSICA

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