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PCLA - Volume 4 - número 1: outubro / novembro / dezembro 2002

 

Estrategias y políticas comunicacionales en México: el estado y el clero



Oscar Ochoa
(Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, México,
es autor del libro Comunicación política y opinión pública,
McGraw-Hill, México, 2000). 


Principais links:

Introducción

Antecedentes históricos

La ley de asociaciones religiosas y culto público

El debate en los medios

Posturas de la Iglesia Católica sobre la política y los políticos

Postura de la Iglesia Católica sobre otras religiones

Posición de las otras religiones y grupos sobre la Iglesia Católica

El Estado, el clero y los medios de comunicación

Estrategias del Estado en cuanto al tema religioso

Estrategias de la Iglesia Católica en cuanto al Estado y la política

Desvinculación interna con posturas y grupos ajenos a la doctrina

Estrategias de otros grupos religiosos en cuanto al Estado, la política y la Iglesia Católica

Estrategias de los medios en cuanto al tema religioso

Referencias bibliográficas


El Estado Mexicano y la Iglesia Católica han restablecido relaciones a partir de 1992. Es entonces cuando se crea la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público con la que el gobierno regula la actuación de la Iglesia Católica y de los demás grupos religiosos dentro del País. Los medios de comunicación suelen cubrir información, principalmente de fuentes católicas, cuando surgen temas polémicos relacionados con aspectos morales y dejan de lado la cobertura del resto de las denominaciones religiosas. La Iglesia Católica, en un sentido, ha hecho grandes esfuerzos para mantener su casi exclusivo predominio religioso del que gozaba hace algunos años y, en otro sentido, participa deliberadamente en la política nacional a través de declaraciones de sus voceros en los medios, el cabildeo y la influencia directa hacia sus feligreses desde el púlpito.

Introducción

Los grupos católicos han mantenido su predominio religioso en México influyendo no sólo en los valores, tradiciones y rituales religiosos populares sino, de manera directa e indirecta, ejerciendo presión hacia las decisiones del gobierno a través de los medios de comunicación, la iniciativa privada y los grupos económicos, además de las organizaciones civiles.

La Iglesia Católica mexicana es reconocida como la de mayor número de fieles dentro del País y la segunda nación con más católicos en el mundo. Sin embargo, en el discurso de los medios, el debate sobre el contenido en sí de la religión y sus funciones, su participación social y política y sus acotaciones ha estado ausente y sólo se refieren a esta cuando se trata de declaraciones sobre otros temas de interés para la opinión mediante la cobertura que estos hacen de la fuente.

Aún y cuando los políticos desde el poder han restituido la relación entre ambas instituciones, Iglesia y Estado, los medios han preferido dejar de lado estos temas. Hoy resulta más factible que un político haga referencia a su credo religioso, como ocurrió con varios de los candidatos presidenciales durante las pasadas elecciones del año 2000, a que los medios aborden temas de cultura religiosa, hagan cobertura de manifestaciones populares de este tipo o entrevisten al clero sobre temas de polémica moralcon la misma frecuencia que lo hacen a otros sectores políticos, económicos o sociales.

En otro sentido, con el advenimiento de grupos religiosos de otras denominaciones, con su correspondiente reconocimiento del gobierno como asociaciones religiosas, las garantías y limitantes impuestas por el Estado en cuanto a, por una parte, dar libertad de culto religioso, pero por otra limitar la manifestación de este culto a los recintos físicos (templos), el sector religioso ha tenido que ser más prudente en su participación abierta para así evitar un clima propicio a lograr el acceso a los medios de comunicación, no sólo para ellos sino a favor de otras denominaciones, lo que de alguna manera pudiese significar igualdad de oportunidades de difusión para los demás grupos religiosos.

En este mismo marco de referencia surge un acontecimiento que involucra a la Iglesia: el asesinato del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, aparentemente víctima del narco, asunto en el que la cobertura de los medios sí fue amplia por tener un interés más bien de suceso policiaco con implicaciones políticas y de narcotráfico.

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Antecedentes históricos

Durante el periodo virreinal, la Iglesia Católica pretendió participar en actividades propias del gobierno a través de su jerarquía. Luego en la etapa de independencia iniciada en 1810, precisamente por miembros de la Iglesia, como el cura Miguel Hidalgo y Costilla, y continuada por el igualmente sacerdote José María Morelos y Pavón, la Iglesia cumplió una función preponderante tanto del lado de los insurgentes como en la persecución de estos movimientos, como demuestra haber sido juzgados y condenados, ambos personajes, por el tribunal de la inquisición.

Más tarde, hacia mediados  del siglo XIX, otro político formado por un sacerdote y luego miembro de la masonería, Don Benito Juárez, estableció la separación entre Iglesia y Estado, política que definió al estado mexicano por casi siglo y medio. Más tarde, en 1874, es expulsado el primer y único nuncio papal.

Ya en el siglo XX, la Iglesia participa activamente en la política nacional, respaldando causas y movimientos, algunos de los cuales fueron reprimidos por el gobierno.

En 1917 se promulga la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, que afirma en su artículo 130 la separación entre Estado e Iglesia y la conformación de un Estado laico. Desde entonces y hasta 1992 la Iglesia carece de estatuto legal en el País.

Sin embargo las provocaciones y acontecimientos diversos en los que se ve involucrada la Iglesia Católica no cesan. Un evento que conmocionó la vida pública mexicana en 1928 fue el asesinato del anticlericalista y candidato presidencial Álvaro Obregón, en 1928, en el cual se implicó al sacerdote Miguel Agustín Pro Juárez, durante el periodo de levantamientos sociales conocido como La Revolución Cristera o La Cristiada (1926-1929), episodio en el que grupos de campesinos y religiosos se enfrentaron al gobierno por considerar que este promovía prácticas contrarias a la fe religiosa del catolicismo, de tendencia izquierdista, a lo que el gobierno reaccionó de manera intolerante y violenta reprimiendo a los grupos y representantes de este movimiento.

En ese mismo periodo, el papa Pío XI  promovió mejorar las relaciones con México negociando con los gobiernos de Porfirio Elías Calles (1924-1928) y más tarde con el de Lázaro Cárdenas (1934-1940), intentando lograr condiciones de paz entre Estado e Iglesia, luego de los acontecimientos de la Guerra Cristera. Sin embargo otros acontecimientos internacionales, como la Segunda Guerra Mundial, impidieron que se llegara a más.

Luego siguió un largo periodo de distanciamiento entre ambas instituciones. Sin embargo, entre los grupos indígenas se fue gestando, durante las últimas cuatro décadas, gran cantidad de movimientos religiosos de otras denominaciones y se han ido reestableciendo antiguas tradiciones religiosas autóctonas. Incluso, en algunos casos, los movimientos de la Iglesia Católica se han laicizado formando corrientes autónomas.

Juan Pablo II, al iniciar su papado en 1978, decidió que su primer viaje misionero sería a México a vuelta de año, lo que ocurrió en enero de 1979. Desde entonces las visitas se han sucedido con relativa frecuencia.

En 1992, el 15 de julio, se promulgó la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público como marco jurídico que norma las relaciones entre Estado e Iglesia. Y ya en 1992, el 21 de septiembre, el presidente Carlos Salinas de Gortari restablece oficialmente las relaciones de México con el Estado Vaticano, con lo que se da fin a toda una etapa de distanciamiento desde el poder político.

En mayo de 1993 es asesinado el cardenal primado de la Arquidiócesis de Guadalajara, Juan Jesús Posadas Ocampo, en el aeropuerto de esa importante ciudad situada al suroeste de México. El hecho fue calificado por las autoridades mexicanas como un lamentable accidente en el que participaron narcotraficantes, de los cárteles de Sinaloa y Tijuana, ciudad esta última donde el cardenal había sido obispo. Sin embargo, la Iglesia Católica en repetidas ocasiones se ha manifestado inconforme con la explicación en repetidas ocasiones, alegando que el crimen fue premeditado y la posibilidad de un complot político.

El primer día del año de 1994 hace su aparición pública el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), movimiento que reivindica la causa indígena de México y en el cual la Iglesia Católica ha sido protagonista como mediadora a través de los obispos Samuel Ruiz García y luego de Raúl Vera López, de San Cristóbal de las Casas, en Chiapas, poblado donde surge el conflicto. Al obispo Samuel Ruiz se le ha señalado como uno de los principales implicados y promotores de la causa indígena y del movimiento zapatista.

Durante la administración del presidente Ernesto Zedillo Ponce de León (1994-2000) se creó la subsecretaría de Gobernación de Asuntos Religiosos, al frente de la cual estuvieron ocho cabezas. Se considera que durante esta etapa las relaciones Estado-Iglesia no prosperaron mucho.

Sin embargo la legitimación de los grupos religiosos de distintas denominaciones siguió creciendo y así, desde 1992 y hasta el año de 1998 había registradas más de cinco mil asociaciones religiosas.

En algunos casos la relación se hizo más estrecha mediante manifestaciones de fervor religioso católico. En 1999, el gobernador de Nuevo León, Fernando Canales, convocó a la población para realizar una “oración ecuménica por la paz en la familia”, lo que provocó que la Secretaría (Ministerio) de Gobernación emitiera una llamada de atención por participar en la realización de actos de culto religioso que prohíbe la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público. Inclusive el actual presidente de México, Vicente Fox, al asumir la candidatura por su partido político, ondeó el estandarte de la Virgen de Guadalupe, ondeó el estandarte de la Virgen de Guadalupe, tal como hiciera el cura Miguel Hidalgo al dar el grito de independencia de México en 1810. Luego, durante su campaña, Fox presentó una propuesta, a manera de decálogo, en la que definía cómo sería su relación con la Iglesia, principalmente la católica. Y una vez llegado el momento de tomar posesión de la presidencia, momentos antes visitó la Basílica de Guadalupe declarándose abiertamente guadalupano y devoto de la fe católica. 

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La ley de asociaciones religiosas y culto público

Esta ley fue propuesta por iniciativa del presidente Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) y aprobada por el Congreso en julio de 1992. Sin embargo las reacciones a esta ley en la clerecía católica han sido diversas. En julio de 1995, el arzobispo de la arquidiócesis de México, Norberto Rivera Carrera, declaró que ésta Ley “debe perfeccionarse”' a fin de garantizar una plena libertad religiosa de la cual todavía no goza el País. Estos cambios, dijo, deben darse tanto en los deberes como en las obligaciones, principalmente en el campo educativo, en lo fiscal y en el acceso de la Iglesia a los medios de comunicación masiva, sobre todo electrónicos.

En el caso de México no está permitido que partidos políticos u organizaciones religiosas cuenten con medios de comunicación propios con alcance social y solo se permiten pequeñas publicaciones de orden interno, o bien, hacer declaraciones a través de los medios.

Rivera Carrera consideró también que las asociaciones religiosas no deben recibir un trato igualitario por parte del Estado, pues no es lo mismo una “secta” de treinta miembros que una Iglesia Católica que tiene 80 millones de fieles en el País (La Jornada, 2 jul. 1995).

Respecto a la contribución de Salinas sobre la citada Ley, el clero da un vuelco y se declara contraria a la postura del ahora ex presidente. Luego de siete años de las reformas constitucionales en materia religiosa, promovidas e impulsadas por Salinas de Gortari, el episcopado se deslindó del ex presidente señalando que nada se le debía, pues las modificaciones a varios artículos, entre ellos el 130 – una de las “pocas cosas positivas'” que tuvo ese gobierno – fueron un mero “acto de justicia” (Román, 1998a). 

Sin embargo, para otras denominaciones religiosas, como la bautista, de acuerdo a la opinión del pastor Isaías Rodríguez, de la Iglesia Bautista Berea de Monterrey, con más de cincuenta años de actividad, Salinas de Gortari “marcó un hito en las relaciones Estado-Iglesia, especialmente al reconocerles su personalidad jurídica y la posibilidad de consolidar su patrimonio”. Sin embargo consideró que existen fallas de implementación en la citada ley y que hace falta también una ley reglamentaria  (Rodríguez, 2001). 

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El debate en los medios

Los medios de comunicación han sido la arena en la cual se ha dado el debate que define le liderazgo de cada una de las instituciones. A través de ellos, la Iglesia Católica ha enviado mensajes, ha definido y dado a conocer sus posturas ante los demás grupos de poder, tanto gubernamentales como sociales y religiosos de otras denominaciones.

Posturas de la Iglesia Católica sobre la política y los políticos

La participación activa del clero en los medios se ha orientado a detentar y legitimar su poder religioso en las conciencias populares ante y sobre el poder político. Esto se ha llevado a cabo tanto  a través de declaraciones como mediante su participación activa en eventos de orden político.

En marzo de 1986, durante las elecciones a la gubernatura en algunos lugares de la República, los obispos de la parte norte de México anticiparon que habría fraude electoral por parte del oficialista Partido Revolucionario Institucional (PRI) en perjuicio del Partido de Acción Nacional (PAN), por lo que platearon el desafío católico, sentenciando que la dimensión política de la fe no toleraría ninguna forma de fraude o corrupción electoral.

Al conocerse los resultados del 6 de julio de 1986, el propio arzobispo Adalberto Almeida no tardó en descalificar estos, así como la limpieza del proceso electoral. En su homilía dominical del 13 de junio, propuso que el domingo siguiente los templos permanecieran cerrados como protesta. Ante esta situación, el Secretario de Gobernación solicitó la intervención del Vaticano a través del delegado apostólico Jerónimo Prigione, quien llamó a la prudencia (Prigione,1996). 

El detonante mayor, en este periodo, fue el caso Chihuahua, estado (departamento) norteño que marcó una nueva etapa de negociación y de correlación política Iglesia-Estado. La Iglesia a través de la presión política y social, coordinada con la negociación privada, cupular y tradicional, obtuvo triunfos que culminaron con el fin de la simulación electoral del gobierno, las modificaciones a la Carta Magna y el establecimiento de relaciones diplomáticas con el Vaticano (Id., ib.).

En 1993, con el asesinato del cardenal Posadas, la Iglesia toma conciencia de los costos de su presencia cada vez más pública y de su actuación política, a la vez que percibe las descomposición de las reglas del sistema político que hasta entonces habían estado vigentes. De esta manera, los riesgos de agresión física son mayores debido a la tendencia de la Iglesia a desplegar una mayor presencia pública e influencia política.

Sin embargo la guerra de declaraciones siguió presente a través de los medios. En Roma, a principios de julio de 1995, el arzobispo electo de la arquidiócesis de México, Norberto Rivera Carrera, declaró que la crisis política que vive México es producto de “fuerzas y grupos extraños” que pretenden regresar al pasado y aplastar los firmes anhelos democráticos expresados ya por la sociedad (1995a).

Rivera Carrera consideró que la Iglesia y el Estado, cada uno como institución, tiene su propio campo de acción, en el cual ni uno ni otro deben invadir, interferir o inmiscuirse. Pero esto no significa que deban ignorarse sino que debe existir un mutuo reconocimiento y colaboración conjunta en todo aquello que sea a favor del pueblo, la comunidad y el hombre (ib.).

Meses después, en septiembre de 1995, al celebrarse diez años del sismo de México 1985, Norberto Rivera Carrera conminó a las autoridades a corregir el rumbo del capitalismo neoliberal, a provocar cambios urgentes en las concepción ética de la economía, considerando que

los trabajadores no son sólo agentes de la producción, la libre competencia, las leyes del mercado y las ganancias no pueden ser consideradas como los únicos criterios que han de regir la economía, como muestra el resultado catastrófico, a la vista de los últimos años, sobre 40 millones de mexicanos cada vez más pobres, y la excesiva concentración de riqueza en manos de unos cuantos privilegiados que han pasado a la lista de los más ricos del mundo (1995b).

En agosto de 1996, el embajador del Vaticano en México, Girolamo Prigione Potzzi, rechazó que la Iglesia se dedicara a hacer proselitismo político, aclarando que “En la Iglesia existe un sano pluralismo, pero es diferente del mundo político. En la Iglesia hay respeto a la opinión pero no hay una lucha por el poder” (La Jornada, 26 ago. 1996), mientras que el nuncio apostólico, Justo Mullar García, pidió a los mexicanos defenderse con uñas y con todo lo defendible frente al Estado totalitario, para que no inculque a los niños una educación racionalista contraria al cristianismo y en los libros no se presenten unos dibujitos terribles para mostrar que es sexualidad.

En octubre de 1998, el arzobispo primado de México, Norberto Rivera Carrera, afirma que la Iglesia “no es monarquía ni democracia” y que ninguno de los ex presidentes de México ha sido “ángel o demonio”, ya que todos ellos tienen aspectos positivos, pero también debilidades y deficiencias (Román, 1998b). Y, en agosto de 2000, el mismo arzobispo Rivera se atrevió a amenazar con que todas las personas que promuevan o practiquen el aborto, incluidos legisladores y gobernantes, serán excomungados

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Postura de la Iglesia Católica sobre otras religiones

El Consejo del Episcopado Latinoamericano, en su plan global 1995-1999, reconoce que América Latina, además de ser un continente multiétnico y pluricultural, tiende a ser cada vez más plurirreligioso. En las últimas décadas se han multiplicado denominaciones religiosas cristianas y no cristianas y se ha intensificado la presencia de “sectas” de corte fundamentalista.

El arzobispo Norberto Rivera ya había precisado que las asociaciones religiosas no deben recibir un trato igualitario por parte del Estado, refiriéndose a que no es  lo mismo una “secta” (sic) que tiene treinta miembros que una Iglesia, como la católica, que tiene 80 millones de fieles en el País, mientras que el embajador del Vaticano, Girolamo Prigione, insistía en considerar a los demás grupos religiosos como sectas al manifestar que respeta la libertad religiosa, pero que sea de verdad libertad religiosa; cuando una secta se aprovecha de la necesidad de una persona o de un grupo para ofrecerles trabajo, comida o protección, para que pasen a la secta, ya no se respeta la libertas de Dios, porque en ese caso se violenta a la persona (1996).

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Posición de las otras religiones y grupos sobre la Iglesia Católica

Como “catolicismo vergonzante” califica el cardenal Norberto Rivera Carrera a los católicos mexicanos que se han dejado seducir por una educación liberal, relegando la ética de su religión al terreno estrictamente privado, o más bien a la participación ritual esporádica, que los lleva a un comportamiento cotidiano alejado de las doctrinas sostenidas por la Iglesia Romana.

Algunas religiones cristianas que se promueven en México, como evangelistas, metodistas, adventistas, pentecoteses, presbiterianos, bautistas, ortodoxos, testigos de Jehová, mormones etc., además de organizaciones sociales como asociaciones femeniles, clubes lésbico-gays y organizaciones no-gubernamentales (ONG’s) se manifiestan contrarios a las posturas de la Iglesia Católica, especialmente cuando se debaten temas como el aborto, la pena de muerte, la homosexualidad, las relaciones sexuales fuera de matrimonio y el divorcio, entre otros temas.

El catolicismo que dice seguir la mayoría de los(as) ciudadano(as) es muy superficial. El abismo existente entre las enseñanzas del Vaticano y los valores religiosos de los millones de feligreses que tiene en nuestro País, continúa profundizándose en detrimento de la confesión católica. Este es un hecho constatable en el ya buen número de estudios de opinión pública que incorporan en sus preguntas la identidad religiosa del encuestado. En los mexicanos de la década de 1990 un amplio sector de quienes se dicen católicos (92%) responde contrariamente a lo que esperarían en el episcopado mexicano; 76% se declara contrario a la participación de los sacerdotes en política; 50% respondió que no es necesario ir al templo para ser un buen creyente; en la escala de mayor credibilidad, los maestros y escuelas superan a la Iglesia (católica, se infiere) aunque ésta se encuentra por encima del gobierno y los partidos políticos; una tercera parte cree que está bien que las personas tengan relaciones sexuales antes del matrimonio; 44% consideró que no es necesario casarse para llevar vida de pareja (Martínez García, 1996).

En cambio en el terreno de los medios de comunicación no hay imagen, ni positiva ni negativa, de las asociaciones no-católicas, simplemente no existen para los medios que suelen clasificarlas a todas como protestantes. Y cuando llega a presentar alguna información, en esta se da una imagen distorsionada en general, comentó el pastor bautista Isaías Rodríguez (2001).

Agregó el pastor que existe poca participación de las asociaciones religiosas en los medios masivos de comunicación debido a diversas razones. Una de ellas es que los propietarios de los medios suelen ofrecer tiempo y espacio en sus canales pero como una mera concesión comercial. Otra razón es que estos grupos son pequeños y no cuentan con recursos propios para contratar y producir programas a través de los medios.

A veces ocurre que la prensa pretende abrir sus páginas a este tipo de manifestaciones, pero las asociaciones religiosas tienen temor de la difusión de que sus mensajes causen protestas y hasta linchamientos por parte de sectores profundamente católicos, como ha ocurrido en algunos casos. No se desea entrar en debate, además de que los medios suelen mutilar y deformar las declaraciones y los contenidos, debido principalmente a que quienes cubren estas fuentes no están especializados en el tema religioso y por ello confunden unos grupos con otros, simplifican demasiado los conceptos y presentan contenidos que crean confusión, más que orientar, aseveró el pastor.

Para contrarrestar lo anterior, hemos pedido a los reporteros que nos den las preguntas por escrito, para dar así nuestras respuestas, pero se han negado. También se han hecho paneles en la televisión en los cuales hemos participado sin llegar a más (ib.).

De cualquier manera, agregó Rodríguez, hacen falta voceros religiosos especializados y la adecuada cobertura por parte de los medios. Coincidimos en que no es adecuado hacer culto a través de los medios, pero sí emitir opiniones, especialmente cuando se trata de defender creencias.

Respecto a las posturas del presidente Fox hacia las distintas órdenes religiosas,  Rodríguez se mostró pesimista, porque considera que aquél no presenta una buena perspectiva de relación en tanto que se ha declarado abiertamente católico y guadalupano, a pesar de que su situación personal (ser divorciado) no coincide tampoco con las posturas del catolicismo. 

Respecto a la proliferación de cultos religiosos en el sur de México, Rodríguez consideró que  esta situación es compleja, pues todas las denominaciones han promovido sus cultos y cuentan con seguidores, lo que a futuro pudiera provocar persecuciones y enfrentamientos de unos grupos contra otros, como ocurre en otros países (Rodríguez, 2001).

De cualquier manera, las reformas constitucionales en materia de religión no se hicieron en función de una sola Iglesia, sino para el conjunto de las que se encuentran establecidas en el País. En ese sentido, el subsecretario de Gobernación Guillermo Jiménez Morales considera que el panorama de las asociaciones religiosas del México de hoy está en continuo movimiento y cerrar su registro sería tanto como negar la movilidad y el dinamismo del mosaico religioso existente (Román, 1998a).

Según denuncias públicas de líderes religiosos e Iglesias minoritarias, existen entidades donde ocurren casos graves de intolerancia en la profesión de su fe. La subsecretaría a su cargo tiene identificados algunos estados o municipios donde se sucedan estos fenómenos de manera constante (Id., ib.).

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El Estado, el clero y los medios de comunicación

Como hemos visto, más que enfrentarse de manera violenta, los grupos religiosos y el Estado han establecido una guerra de declaraciones donde cada uno ha defendido sus posturas. La resonancia que estas declaraciones han tenido ha provocado que se de una situación donde la Iglesia Católica procura reafirmar su papel de autoridad moral ante el Estado, la sociedad y el resto de los grupos religiosos.

En cada caso se ha presentado una serie de estrategias que han permitido lograr la hegemonía de un grupo sobre los demás. Es aquí donde pasamos a analizar algunas de estas estrategias, las que consideramos son más evidentes, sin que ello signifique que son todas o que no pueda haber otras en el presente o futuro.

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Estrategias del Estado en cuanto al tema religioso

Intereses distintos

Podemos considerar que los políticos buscan votos y el apoyo popular a su gobierno mientras que el clero desea ganar concesiones.

Aquí podemos considerar que cada uno tiene sus propios intereses, los cuales no se contravienen. Pero además de ello, el uno necesita del otro, por lo que, en el juego del poder, el capital social con que cuenta la Iglesia sirve a los intereses políticos y a la estabilidad del sistema, mientras que  el control gubernamental, también legitimado socialmente, constituye la base de la libertad de acción para el sector religioso.

Y en la medida en que los demás grupos religiosos no alcancen mayoría de representación social, difícilmente tendrán cabida en este juego de poder. Sin embargo, el poder político no descarta esta posibilidad en el futuro.

Dejar hacer, dejar crecer, siempre y cuando me apoyes

Además de lo anterior, el contenido del discurso religioso debe ser legitimador del poder establecido. En la lógica autoritaria del Estado mexicano, la Iglesia puede “intervenir” en política, siempre y cuando lo haga del lado del gobierno y para apoyar sus intereses.

El problema empieza cuando la Iglesia entra en la escena pública con bandera de oposición o para apoyar causas en contra de intereses gubernamentales.

Tolerancia y negociación

Aún cuando el discurso de la Iglesia ha sido contrario a los intereses del político en turno, el Estado se ha mostrado tolerante, y no sólo hacia la Iglesia Católica, sino hacia el resto de las denominaciones religiosas.

Ello le ha permitido al gobierno en turno manifestar ante el mundo la imagen de un país moderno, civilizado y tolerante de la diversidad de creencias.

Además de ello, el gobierno se ha mostrado más sensible y con mayor capacidad de manejo político respecto de la Iglesia Católica, por lo que ha considerado estéril afrentarse a obispos o jerarquías locales cuando le es posible entenderse con el propio Vaticano.

Yo llevo la mano y tengo el control

De cualquier forma, en esta nueva dinámica, el gobierno ha procurado mantener su dominio sobre la institución religiosa. La intención del gobierno mexicano ha sido la de influir en los asuntos de la Iglesia en México, tanto en nombramientos como en la conducción de la misma.

Algunas formas de que se ha servido ha sido la presión diplomática. En junio de 1995 las autoridades migratorias mexicanas capturaron y deportaron a tres sacerdotes extranjeros en Chiapas por supuestas actividades no conformes con su calidad migratoria, lo que la Conferencia del Episcopado calificó como una “descortesía” contra Samuel Ruiz y una violación al artículo 130 y a la luz de la Asociación Religiosa y Culto Público (Nazif, 1996).

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Estrategias de la Iglesia Católica en cuanto al Estado y la política

La Iglesia Católica ha acumulado influencia en el plano internacional con la fórmula de Juan Pablo II: carisma, ortodoxia doctrinal y capacidad de convocatoria masiva.

Frente a occidente, la Iglesia tiene una actitud muchas veces ambigua, en ciertos momentos se siente amenazada por su desenfrenada  secularidad y en otras, ante los signos de decadencia de la modernidad se auto proclama su salvadora.

La guerra perpetua

Cada hecho que molesta a la Iglesia Católica, o del cual discrepa, lo convierte en campaña, no sólo desde los púlpitos y confesionarios, sino a través de sus relaciones con importantes empresarios y dueños de empresas de medios de comunicación.

La Iglesia Católica se ha definido como la única religión válida y representante de Dios en la tierra, además de defensora de la moral, tanto en el nivel social y público como individual, por lo que su tarea es monumental y para ello debe atacar muchos frentes.

Soldados en todos los frentes

Se apoya en organizaciones representativas de sectores de la sociedad mexicana, como Opus Dei, Legionarios de Cristo y Caballeros de Colón, a las cuales pertenecen grupos económicamente poderosos, además de la Unión Nacional de Padres de Familia o el Comité Pro-Vida.

Además de lo anterior, la Iglesia posee más de trescientas redes internacionales de organizaciones laicas, reconocidas por Roma como OIC’s provenientes de diversas organizaciones como la antigua Acción Católica, agrupaciones profesionales, intelectuales, artísticas y empresariales y de diversa índole muchas de ellas con más de cincuenta años de experiencia.

Opinión pública, nacional e internacional

La Iglesia, como hemos apuntado antes, mantiene buenas relaciones con importantes empresarios y dueños de empresas de medios de comunicación.

Anualmente se entregan reconocimientos a responsables de los medios, como la presea Paulo VI, reconocimiento que se otorga anualmente a aquellas personas que a través de los medios de información resaltan los valores de la Iglesia.

El Vaticano influye en ciertos Estados nacionales de mayoría católica, especialmente latinoamericanos, a través de las conferencias episcopales de cada país.

Más religión y menos política

Justo Mullar, representante del Vaticano en México, dice que su divisa es ser 90% pastor y 10% diplomático. Sin embargo las leyes mexicanas lo reconocen como jefe de una misión diplomática pero no como representante oficial de la Iglesia Católica.

Bloques de poder

Muchos de los grupos económicos tradicionales de México apoyan a la Iglesia Católica. Tal es el caso de organizaciones que operan en México como Opus Dei, Legionarios de Cristo y Caballeros de Colón, a las cuales, como anotamos, pertenecen grupos económicamente poderosos.

El Vaticano también ha tenido la capacidad de tejer alianzas con otras grandes religiones como el Islamismo, hinduismo, budismo, que le permiten conformar bloques que confrontan las posturas de los países ricos.  

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Desvinculación interna con posturas y grupos ajenos a la doctrina

Una vez transcurrido el poder de un gobernante, la Iglesia reacomoda su posición. Un ejemplo podría ser el siguiente: Alberto Suárez Inda, Genaro Alamilla, Luis Reynoso y Onésimo Cepeda, obispos de Morelia, emérito de Papantla, Cuernavaca y Ecatepec, respectivamente, calificaron de “falsa” la afirmación de que el pueblo de México ligue a la Iglesia Católica con el gobierno de Salinas, pese a que fue éste quien impulsó las reformas en materia de culto y libertad religiosa y que, como ningún otro mandatario, se reuniera reiteradamente con la jerarquía eclesiástica, tanto en lo individual como en lo colectivo. Tal vez, dijo Cepeda, esa relación la hagan sólo los medios de información, pero no el pueblo creyente.

En octubre de 1996, el arzobispo primado de México, Norbero Rivera Carrera, en su homilía llamó a la desobediencia civil y habló de la participación política de la Iglesia, por lo que la Sria. de Gobernación advirtió que aplicaría una multa.

Algunos obispos lo apoyaron señalando que están basados en la doctrina social de la Iglesia. Luego esta declaración fue atribuida a la deformación o distorsión de los medios.

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Estrategias de otros grupos religiosos en cuanto al Estado, la política y la Iglesia Católica

Como hemos anotado líneas antes, los grupos religiosos no-católicos han preferido mantenerse un tanto aislados de la presencia en los medios de comunicación para no entrar en debates. Ello se puede interpretar de varias maneras. Bien pudiera ser que aún no cuentan con legitimidad social que les garantice un lugar en el espacio religioso de México, o bien, se trata de una estrategia que a futuro, cuando cuenten con una feligresía considerable,  pueda permitirles una participación más abierta.

Julieta Arcos Chigo y Raúl Romero documentan bien la afinidad de métodos para hacerse de seguidores en los movimientos que estudian. No cabe duda de que los carismáticos representan el sector de la Iglesia Católica que más ejerce la propagación de su fe. Por otra parte, son muchos los casos de grupos que, habiendo empezado como de la Renovación, en un plazo relativamente corto dan el salto para transformarse en asociaciones de tipo pentecostal y se independizan de la Iglesia Católica. En México varios de los grupos neopentecostales, que en un domingo cualquiera juntan multitudes que superan ampliamente a las de la Catedral capitalina y la Basílica de Guadalupe, originalmente fueron carismáticos. 

La política del avestruz

Parece que para la mayoría de estos grupos no católicos, la mejor política es no hacer política y orientarse más a la actividad de reclutar seguidores. Ello les permite continuar con su labor sin tener que legitimarse ante un poder político que gratuitamente les ha dado su reconocimiento y ha creado las condiciones jurídicas bajo las cuales se garantiza su actividad.

No jugar para perder

Ante un medio ambiente adverso y con pocas posibilidades de sacar adelante confrontaciones, los grupos religiosos no católicos de México han preferido mantenerse al margen, esperando quizás mejores circunstancias.

Sumar, sumarse y sumirse

Dentro de esta dinámica, las iglesias no-confesionales y sus líderes han preferido sumar seguidores en una tarea casi silenciosa. Además de ello, y a pesar de reconocerse distintas entre sí, en su conjunto representan la suma de una alternativa al catolicismo. Sin embargo, no presentan confrontación alguna, al menos por el momento, por lo que la mayoría de ellas permanecen en el anonimato.

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Estrategias de los medios en cuanto al tema religioso

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Referencias bibliográficas

ENCICLOPEDIA DE MÉXICO. México: Secretaría de Educación Pública, 1980.

LA JORNADA. Inviable cerrar el registro a asociaciones religiosas. México, 23 mar. 1998. 

MARTÍNEZ GARCÍA, Carlos. Catolicismo vergonzante. México: Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, 1996. 202 p.

NAZIF, Alberto Aziz. Descortesías entre el gobierno y el clero. La Jornada, jun.1996.

PRIGIONE, Girolamo. La Jornada. México, 26 ago.1996. Declaraciones.

RIVERA Carrera, Norberto. La Jornada. México, 19 sept. 1995b. Declaraciones.

______________________. La Jornada. México, 2 jul. 1995a. Entrevista y declaraciones.

RODRÍGUEZ, Isaías. Monterrey,  25 de marzo de 2001. Entrevista.

ROMÁN, José Antonio. La Jornada, México, 11 nov. 1998b. Entrevista a Guillermo Jiménez Morales

__________________. ¿Se puede hablar de intolerancia en el país? La Jornada, México, 23 mar. 1998a.

__________________. El gobierno, lejos de lo pactado en derechos indios: Martínez Veloz. La Jornada, México, 1 oct.1996.

 

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